La central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, ubicada en la prefectura de Niigata, ha vuelto a generar energía este jueves tras 14 años de parálisis. Lo ha hecho con solo uno de sus siete reactores en funcionamiento, pero con un dato que invita a la reflexión: su potencia total de 8,21 gigavatios supera la suma de los siete reactores que operan en las cinco centrales nucleares de España, cuya capacidad conjunta alcanza los 7,4 GW.
La reactivación, autorizada por la Asamblea de Niigata en diciembre tras el visto bueno del regulador nuclear nacional, marca un hito en la política energética japonesa. El accidente de Fukushima en 2011, gestionado por la misma operadora, Tokyo Electric Power Company (TEPCO), obligó a detener y revisar todas las instalaciones nucleares del país. Desde entonces, Japón ha emprendido un profundo plan de reforzamiento de la seguridad que ahora comienza a dar frutos operativos.
Un gigante con capacidad para 16 millones de hogares
La central de Kashiwazaki-Kariwa no es una instalación cualquiera. Construida en 1980 y ampliada progresivamente, se ha consolidado como la cuarta planta eléctrica más grande del mundo y la primera en materia nuclear. Su capacidad teórica permite suministrar energía a más de 16 millones de hogares, casi un tercio del total de Japón.
Por el momento, la reanudación se limita al reactor número 6. El siguiente en retomar actividad será el número 7, previsto para 2029. Los reactores del 1 al 5, los más antiguos, permanecen parados en fase de revisión.
De Fukushima a la reactivación: un camino sembrado de obstáculos
Los problemas de la planta se remontan a 2007, cuando el terremoto de Chuetsu obligó a reforzar su seguridad. Cuatro años después, la crisis de Fukushima llevó a las autoridades a paralizar toda la producción nuclear nacional. Cuando en 2021 parecía inminente su reapertura, el regulador detectó carencias ante posibles ataques terroristas y volvió a frenar el proceso.
Este historial explica la cautela con la que Japón aborda ahora su renacimiento nuclear. El país cuenta actualmente con 33 reactores, de los que solo 15 están operativos. Otros dos se encuentran en construcción y 27 en proceso de revisión o desmantelamiento. La hoja de ruta oficial fija como objetivo que, para 2040, al menos el 20% de la energía del país proceda de fuentes nucleares.
El debate de fondo: seguridad versus autonomía energética
La reactivación de Kashiwazaki-Kariwa no es solo una noticia técnica. Es un síntoma de un cambio de paradigma global. Europa, tras años de "tabú atómico", comienza a mirar hacia la energía nuclear como herramienta para garantizar el suministro ante la volatilidad de los mercados y la crisis climática.
Pero la ecuación no es sencilla. La seguridad de las instalaciones en zonas sísmicas, la gestión de residuos, los plazos de construcción y los costes de inversión son variables que condicionan cualquier estrategia nuclear. Japón, con su experiencia traumática, conoce mejor que nadie estos riesgos. Y aun así, decide avanzar.
La referencia española
En España, el debate nuclear sigue abierto. La central de Almaraz, ante su última recarga, ha reabierto la discusión sobre el cierre programado y su impacto en decenas de pueblos que dependen de la planta. Mientras, el Gobierno mantiene su hoja de ruta de transición energética, con la nuclear como puente hacia un modelo renovable que aún no está plenamente operativo.
La comparación con Japón no es casual. Ambos países comparten vulnerabilidades sísmicas, dependencia energética exterior y una población exigente en materia de seguridad. Pero sus respuestas políticas divergen.
El contexto que falta
Cuando una central como Kashiwazaki-Kariwa vuelve a operar, no solo se enciende un reactor. Se enciende un debate sobre qué modelo energético queremos, qué riesgos estamos dispuestos a asumir y qué precio estamos dispuestos a pagar por la autonomía estratégica.
La tecnología nuclear ha avanzado. Los protocolos de seguridad también. Pero la confianza pública no se reconstruye con ingeniería: se construye con transparencia, con participación y con resultados.
Y en ese terreno, ni Japón ni España han cerrado la cuenta pendiente.
Fuentes: El Independiente, Tokyo Electric Power Company (TEPCO), regulador nuclear de Japón, datos del parque nuclear español, objetivos energéticos del Gobierno japonés
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