A veces me siento frente al ordenador y no sé por dónde empezar. Hay días en que las noticias pesan demasiado. Y hoy es uno de esos días.
Me pongo a pensar en todo lo que ha pasado estos días y me da la sensación de que algo se nos ha roto. No de golpe. No con estruendo. Sino poco a poco. Como esas grietas que aparecen en las paredes y que un día te das cuenta de que ya no se pueden ignorar.
Leo que hay una multa europea esperándonos. Treinta millones. No sé si es mucho o poco. Lo que sé es que viene por no hacer lo que tocaba. Por dejar pasar una directiva que hubiera ayudado a los autónomos. Y pienso en todos esos pequeños negocios que conozco, que aprietan los dientes cada mes para llegar a fin de mes. Mientras, alguien en un despacho decidió que no era prioritario.
Y luego está lo de Zapatero. Un expresidente haciendo de intermediario para empresas chinas. Sin registros. Sin transparencia. Oficinas que no existen. Y me pregunto cuándo dejamos de exigir que las cosas se hagan como deben hacerse. Cuándo aceptamos que lo opaco sea lo normal para ellos.
Pero lo que más me duele, lo confieso, es lo de los presos de ETA. Cuarenta y seis. Salen. Así, sin más. Y las víctimas, esas personas que cargan con un dolor que no les pertenece, no pueden hacer nada. No les avisan. No les escuchan. Me imagino a alguna de ellas leyendo la noticia por la mañana, con el café en la mano, y sintiendo que todo lo que perdieron vale menos que un acuerdo político. Y no encuentro palabras.
Hablo con amigos que tienen que coger la carretera cada día. Me cuentan que los baches son cada vez peores. Que hay tramos donde conducir es un susto continuo, es una amenaza al sentido común. Y pienso en las cuarenta y seis personas que murieron en Adamuz. En que la vía estaba rota. En que alguien podría haberlo evitado. Pero luego veo que se anuncia un parque de surf en Madrid. Gigante. El más grande de Europa. Y no puedo evitar pensar en qué priorizamos como país. En qué nos dice eso de nosotros.
El campo está revuelto. Los agricultores no saben cómo van a llegar a final de mes. Los fertilizantes, el combustible, todo sube. Y la guerra en Irán, que nos pilla tan lejos, nos afecta aquí, en nuestra mesa, en nuestro pan. Me da la sensación de que vivimos en un equilibrio muy frágil. De que cualquier cosa puede hacer que todo se desmorone.
Y luego está esa foto. Sánchez en los misiles iraníes. No sé si es real o es propaganda. Pero da igual. La imagen ya está ahí. Y Trump amenazando con irse. Con dejar las bases. Con cerrar el grifo. Y me pregunto si alguien está pensando en lo que viene después. O si todo es improvisación. Si todo es sobrevivir al día. Si todo es como hasta ahora.
Escribo esto y no sé para qué. Supongo que para dejarlo por escrito. Para que dentro de unos años, cuando miremos atrás, no podamos decir que no lo vimos. Que no lo supimos.
Porque lo vemos. Lo sabemos. Lo sentimos y lo gritamos en silencio.
Y sin embargo, seguimos aquí. Leyendo las noticias. Tomando el café. Poniendo el combustible. Llevando a los niños al colegio. Como si todo esto fuera normal. Como si no estuviéramos caminando por una cuerda floja sin red debajo.
Me gustaría poder terminar con algo esperanzador. Con una reflexión que nos diga que todo va a mejorar. Que hay gente buena trabajando para arreglar esto. Pero no me sale. Hoy no.
Hoy solo me sale decir que tengo miedo. Miedo de que nos acostumbremos. Miedo de que lo normal sea lo que antes nos hubiera escandalizado. Miedo de que cuando queramos pedir cuentas, ya no haya nadie a quien pedírselas.
Eso es lo que quieren el miedo como moneda de cambio para vivir.
España no se hunde de golpe. Se hunde a plazos. Y yo creo que estamos en uno de esos plazos.
Ojalá me equivoque.
De verdad que sí. Por cierto. ¿Qué casualidad que el número de etarras favorecidos por esa nueva medida para disfrutar del tercer grado, sea el mismo número de víctimas del accidente de Adamuz. Casualidades, ya lo sé, pero no deja de resonar algo dentro de mí.
Y en tí? Resuena algo?
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Me encantaría leer tus reflexiones. Escríbeme a sosradioespana@gmail.com. Hablemos. Porque el diálogo, al final, es también una forma de construir paz..
🕐 Publicado: 23/03/2026 • 21:51 | Darío Rodríguez
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