Los cuatro astronautas que viajan en la misión Artemis II han iniciado su segunda jornada tras solucionar varios incidentes menores, como una pérdida de comunicación posterior al despegue y un problema con el inodoro de la nave espacial Orión. Pocas horas después de que el cohete SLS despegara este jueves a las 00:35 hora española desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, la agencia espacial informó de que la nave había experimentado un problema de comunicación que ya está resuelto.
La comunicación que se recupera
«Aproximadamente a los 51 minutos de vuelo, durante una transferencia planificada entre satélites, la nave espacial Orión experimentó un problema de comunicación que provocó una pérdida parcial temporal», ha explicado el administrador de la agencia espacial, Jared Isaacman. El problema era curioso: la tripulación podía escuchar a los expertos de la NASA en la Tierra, pero ellos no podían escuchar a los cuatro astronautas. Una conversación a una sola voz. Como una llamada en la que solo oyes pero no te oyen. Algo que cualquiera ha sufrido en su móvil, pero a 400 kilómetros de altura.
El inodoro que casi paraliza la misión
La tripulación de Artemis II, que llegará alrededor de la Luna tras más de 50 años, también ha conseguido restablecer el funcionamiento normal del inodoro de la nave tras los primeros momentos del despegue. «Una luz de avería parpadeaba; los equipos del control de la misión evaluaron con éxito los datos y colaboraron con la tripulación para localizar y resolver el problema», ha informado la NASA.
Uno lee esto y no puede evitar sonreír. La humanidad vuelve a la Luna. La tecnología más avanzada del planeta. Cohetes de cien metros. Naves que viajan a 40.000 kilómetros por hora. Y todo puede depender de un inodoro que funcione. Porque en el espacio, la naturaleza aprieta igual que en la Tierra. Y si el baño no tira, la misión se complica.
Los protagonistas de esta aventura
Los astronautas de la NASA que forman parte de la tripulación son Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el astronauta de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen. Una misión de aproximadamente diez días alrededor de la Luna y de regreso, marcando el primer vuelo tripulado del programa Artemis.
Los cuatro viajan a bordo de la nave espacial Orión, que será el hogar de esta tripulación durante su viaje de aproximadamente 1,1 millones de kilómetros y diez días. Vivirán y trabajarán en el módulo de tripulación de la nave, mientras que su módulo de servicio proporcionará los productos esenciales que los astronautas necesitan para mantenerse con vida, incluyendo agua potable, nitrógeno y oxígeno para respirar.
El itinerario de la misión
La nave espacial Orión orbitará la Tierra varias veces, luego emprenderá un viaje de cuatro días a la Luna, sobrevolará el satélite natural y regresará a la Tierra. Tras alcanzar la órbita terrestre, la etapa superior del cohete impulsará a Orión a una órbita altamente elíptica, donde la tripulación y los equipos de la misión verificarán que todos los sistemas funcionen correctamente.
Durante esta fase, los astronautas también tomarán el control manual de la nave espacial para realizar una demostración de operaciones de proximidad con Orión utilizando los motores del Módulo de Servicio Europeo. Estas capacidades serán cruciales en futuras misiones Artemis.
Las preguntas que quedan en el vacío
¿Qué hubiera pasado si el inodoro no se hubiera reparado? ¿Habría tenido la misión que abortarse? ¿O los astronautas habrían tenido que improvisar soluciones de emergencia?
También cabe preguntarse: ¿cuántos imprevistos más pueden surgir en un viaje de 1,1 millones de kilómetros? La comunicación se recuperó. El baño funciona. Pero el espacio es implacable. Y los márgenes de error, mínimos.
¿Cómo afecta esta experiencia a futuras misiones? Cada problema resuelto es una lección aprendida. Cada avería reparada es un protocolo mejorado.
La ironía de la conquista espacial
Al final, la conquista del espacio tiene un componente profundamente humano. Por mucho que hablemos de cohetes, de órbitas, de tecnología punta, al final hay personas dentro de esas naves. Personas que necesitan respirar, comer, dormir. Y sí, personas que necesitan ir al baño.
La imagen es casi poética. La humanidad, que ha soñado con las estrellas durante milenios, que ha construido máquinas capaces de escapar de la gravedad, que ha enviado sondas a los confines del sistema solar... sigue dependiendo de que un inodoro funcione correctamente.
No es una crítica. Es un recordatorio. De que la tecnología más avanzada no elimina la fragilidad humana. La acompaña. La protege. Pero no la sustituye.
Los incidentes de Artemis II, menores y resueltos, no empañan la hazaña. Al contrario. La humanizan. Nos recuerdan que detrás de cada misión hay personas. Que cometen errores. Que solucionan problemas. Que improvisan. Que perseveran.
Y que, al final, consiguen lo que se proponen.
Aunque tengan que arreglar el baño en el camino.
Fuentes: The Objective, NASA, declaraciones de Jared Isaacman, datos de la misión Artemis II
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