La reserva hídrica de España ha vuelto a ascender y se sitúa esta semana en el 83,3% de su capacidad total, con 46.677 hectómetros cúbicos almacenados. Es el nivel más alto registrado desde junio de 2013, cuando los embalses sumaban 46.877 hectómetros cúbicos, según los datos facilitados por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco).
En los últimos siete días, la reserva ha aumentado en 69 hectómetros cúbicos, lo que representa el 0,1% de la capacidad total del sistema. Aunque las precipitaciones han sido escasas en toda la península —con el máximo registrado en Las Palmas de Gran Canaria, con 54,8 mm—, la acumulación de los últimos meses permite cerrar la campaña hidrológica con cifras que, sobre el papel, alejan el fantasma de la sequía.
La foto fija de los datos: más agua que hace un año, pero desigual por cuencas
La reserva actual acumula 16.148 hectómetros cúbicos más que hace un año y 22.657 hectómetros cúbicos por encima de la media de los últimos diez años. Sin embargo, todavía quedan 9.366 hectómetros cúbicos para alcanzar la capacidad total de los embalses españoles, fijada en 56.043 hectómetros cúbicos.
La evolución por cuencas refleja la heterogeneidad del territorio. La del Segura lidera los ascensos semanales con un incremento del 2,5%, seguida de Guadalquivir, Mediterránea Andaluza y Júcar, con subidas del 0,6%. Guadiana y Duero también registran avances modestos, del 0,3% y 0,2% respectivamente.
En el lado opuesto, los mayores descensos se detectan en el Cantábrico Oriental (-2,7%), Cantábrico Occidental (-2,2%) y las cuencas internas de Cataluña (-1%). También bajan Galicia Costa (-0,5%), Tinto-Odiel-Piedras y Tajo (-0,4%), y Miño-Sil y Guadalete-Barbate (-0,2%). Sin variaciones permanecen las cuencas internas del País Vasco, que se mantienen al 100%, y la del Ebro, en el 85,1%.
La paradoja del agua: embalses llenos, pero incertidumbre para el verano
Los datos actuales son alentadores, pero la experiencia de campañas anteriores invita a la prudencia. España ha vivido en los últimos años episodios de sequía severa pese a partir de niveles de embalse aceptables al inicio del año. La razón no está solo en la cantidad de agua almacenada, sino en cómo se gestiona, se distribuye y se consume.
El modelo de gestión hídrica español combina usos agrícolas, urbanos, industriales y ambientales, con demandas que se disparan en verano y con infraestructuras que, en muchos casos, arrastran déficits de mantenimiento. Un embalse lleno en abril no garantiza agua suficiente en agosto si no se planifica el reparto con antelación y si no se controlan las pérdidas en redes de distribución.
La asignatura pendiente: infraestructuras, pérdidas y demanda
Según datos de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento, las pérdidas en redes de distribución urbana pueden superar el 20% del agua captada en algunas regiones. En el ámbito agrícola, que concentra alrededor del 80% del consumo hídrico nacional, la modernización de regadíos avanza, pero a un ritmo que no siempre compensa el aumento de la demanda.
Además, la fragmentación competencial entre administraciones —Estado, comunidades autónomas, confederaciones hidrográficas, municipios— complica la toma de decisiones ágiles en situaciones de estrés hídrico. Cuando llega la sequía, la coordinación suele llegar tarde.
El contexto climático que condiciona todo
Los embalses no se llenan solo con lluvia. Dependen de un ciclo hidrológico que el cambio climático está alterando: precipitaciones más intensas pero menos frecuentes, nevadas reducidas en cabeceras de cuenca, evaporación acelerada por temperaturas más altas.
Tener los embalses al 83,3% en abril es una buena noticia. Pero si las lluvias de primavera y verano no acompañan, y si la demanda se dispara con el calor y el turismo, la situación puede cambiar con rapidez. La historia reciente lo demuestra: en 2022 y 2023, restricciones al riego y al consumo urbano se activaron pese a partir de niveles de reserva que entonces parecían suficientes.
La pregunta que define la gestión
Cuando los embalses están llenos, la tentación es relajar las medidas de ahorro y asumir que el problema está resuelto. Pero la seguridad hídrica no se mide en porcentajes de capacidad en un momento dado. Se mide en resiliencia: en la capacidad de un sistema para absorber shocks, distribuir recursos con equidad y mantener servicios esenciales incluso en escenarios adversos.
España tiene hoy una oportunidad: aprovechar la bonanza hídrica para invertir en infraestructuras, modernizar redes, reforzar la reutilización de aguas regeneradas y avanzar en un pacto nacional por el agua que trascienda los ciclos electorales.
Porque el agua no es solo un recurso.
Es un seguro de futuro.
Y los seguros, cuando no se renuevan a tiempo, no cubren cuando más se necesitan.
Fuentes: The Objective, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), datos de seguimiento de embalses, Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento
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