Los datos del Banco de España no dejan margen para la interpretación: apenas el 47% de los hogares millennial posee vivienda en propiedad a los 39 años. Esa misma cifra la alcanzaba la generación X cuando tenía 25. Una diferencia de 14 años que resume, mejor que cualquier discurso, la fractura en el acceso a la vivienda que atraviesa la sociedad española.
La Encuesta Financiera de las Familias 2024 revela que el porcentaje de hogares millennials propietarios es casi 20 puntos inferior al de la generación inmediatamente anterior y poco más de la mitad que el de los boomers. Llegar a los 40 sin tener una vivienda propia ya no es una excepción: es lo habitual.
Una trayectoria rota por la crisis de precios
Hasta el final de la pandemia, los jóvenes iban comprando viviendas lentamente a medida que mejoraba el mercado laboral. El porcentaje de hogares millennials propietarios con 27 años era del 27%, cifra que aumentó paulatinamente hasta el 48% a los 36 años. Pero esa trayectoria se ha roto en los últimos años: a los 39 años, la tasa cae al 47%.
La crisis de precios ha consolidado una brecha que ya no es coyuntural, sino estructural. Quienes no pudieron comprar antes del disparón, difícilmente lo están haciendo ahora.
Riqueza sin propiedad: la paradoja del ahorro bloqueado
La encuesta muestra que la riqueza neta de los hogares millennials (73.500 euros de mediana, una vez restadas las deudas) no difiere significativamente de la que tenía la generación X a la misma edad. Sin embargo, el acceso a la vivienda es radicalmente distinto.
La clave está en cómo se construye ese patrimonio. Las generaciones previas podían pedir una hipoteca con relativa facilidad. El valor de la vivienda compensaba la deuda, por lo que la riqueza neta no aumentaba de inmediato, pero sí se activaba un mecanismo de inversión forzosa: pagar la letra mensual equivalía a acumular activo.
Hoy, los jóvenes ahorran, pero ese ahorro no les abre las puertas del mercado inmobiliario. Invierten en fondos, acciones o simplemente dejan el dinero en el banco. Su patrimonio crece, sí, pero no se traduce en un techo propio. La riqueza neta puede ser similar, pero la situación vital es completamente diferente.
Alquiler como gasto, hipoteca como inversión: la asimetría que amplía la brecha
Para quienes compraron antes del auge de precios, la cuota mensual de la hipoteca representa una inversión a largo plazo. Para quienes llegaron después, el alquiler es un gasto que no genera patrimonio. Esta asimetría explica por qué la riqueza de la generación X ha aumentado intensamente en los últimos años —gracias a la revalorización de sus viviendas— mientras que los millennials que vivían de alquiler ven mermada su capacidad de ahorro.
La diferencia no es contable. Es existencial.
Una estadística que se queda corta
Es importante precisar que la encuesta del Banco de España analiza hogares, no individuos. La división por edades se realiza en función de la edad del cabeza de familia. Esto significa que los jóvenes que todavía viven con sus padres no computan en la estadística.
La situación real de los jóvenes es, por tanto, peor de lo que reflejan los datos. La emancipación es cada vez más tardía, y quienes no han podido abandonar el hogar familiar —precisamente los más vulnerables económicamente— quedan fuera del análisis. La brecha, en la práctica, es más profunda.
Desapalancamiento: elección u obligación
El Banco de España celebra que los jóvenes se estén desendeudando. "Han optado por la eliminación de esta carga de la deuda", señala el informe. Sin embargo, una parte significativa de ese desapalancamiento no es voluntario: muchos jóvenes no pueden comprar vivienda y, por tanto, no pueden hipotecarse.
La riqueza bruta de los hogares cuyo cabeza de familia tiene menos de 35 años asciende a 37.200 euros: menos de la mitad que hace diez años y menos del 20% en comparación con 2008. No tener deudas puede mejorar el perfil financiero en el papel, pero no implica una situación patrimonial más sólida ni más prometedora.
La estrategia de quienes sí pueden elegir
Una de las particularidades de la encuesta es que las rentas más altas han aumentado su deuda en los últimos años. Lejos de ser un error, ha sido una estrategia financiera acertada: en un contexto de escalada generalizada de activos, pedir crédito para invertir ha permitido a las clases pudientes surfear la ola de subidas.
El problema es que para las clases populares el desapalancamiento no ha sido una elección, sino una obligación. No han podido acceder a la vivienda y, por tanto, tampoco al crédito que habría permitido invertir. La brecha no es solo de acceso: es de oportunidades.
El contexto que falta
Cuando una generación entera ve bloqueado el acceso a un derecho básico como la vivienda, las consecuencias trascienden lo patrimonial. La dificultad para emanciparse afecta a la natalidad, al consumo interno, a la movilidad laboral y a la cohesión territorial. No es un problema individual: es un factor que está redefiniendo las trayectorias vitales de millones de personas.
Los datos del Banco de España no ofrecen soluciones. Solo constatan una realidad: la crisis de la vivienda no es un problema coyuntural. Es un elemento estructural que condiciona el futuro económico y social del país.
Y las trayectorias, a diferencia de los precios, no se corrigen con un cambio de ciclo.
Se construyen —o se frustran— con decisiones políticas, económicas y sociales que hoy, precisamente, están sobre la mesa.
Fuentes: El Confidencial, Banco de España (Encuesta Financiera de las Familias 2024), Instituto Nacional de Estadística, análisis de brecha generacional en acceso a vivienda
© SOS RADIO ESPAÑA — www.sosradioespaña.es