Horas antes del discurso del Trono de Mohamed VI, comenzaron las primeras llegadas masivas a Ceuta. Este jueves, varios miles de personas cruzaban la frontera sin control, entrando en la ciudad autónoma española llenos de júbilo y mostrando la V de victoria. Para las autoridades marroquíes, lejos de ser una paradoja, esta instrumentalización de la migración es una demostración de fuerza. Y para Marruecos, son jóvenes sin futuro a los que se invita a marcharse. Lo que está ocurriendo no es una crisis migratoria convencional: es un episodio más de lo que algunos analistas denominan guerra híbrida.
La escena recuerda a la de 2021, cuando unas 8.000 personas cruzaron desde Marruecos a Ceuta tras la asistencia médica prestada en España al líder del Frente Polisario, Brahim Gali. Nadie informó a Rabat y eso sentó fatal. Pero los datos de ahora son mucho más elevados: cerca de 30.000 migrantes habrían pasado a la ciudad autónoma sin encontrar resistencia de los guardias marroquíes. Una reedición de la Marcha Verde, pero con coordenadas del siglo XXI.
El dispositivo español y la respuesta europea: contener sin resolver
El Gobierno ha movilizado al Ejército para frenar esta oleada. Efectivos de las Fuerzas Armadas están ayudando a la Guardia Civil a controlar la crisis en terreno. Bruselas ha trasladado la disposición de la Unión Europea a reforzar su apoyo a España, también mediante Frontex. España y Marruecos dicen haber alcanzado un acuerdo para devolver a los que han entrado ilegalmente, pero ese pacto no ha frenado el flujo de entradas. Y está por ver cómo puede aplicarse en la práctica.
La sentencia del Tribunal Supremo del 29 de junio establece limitaciones jurídicas: no se puede devolver a quienes entren a nado. El Gobierno español apunta a que esa sería la causa legal que explica la estrategia de los cruces. Pero parece más probable que ese haya sido el mensaje difundido entre esos jóvenes por agentes del régimen marroquí. No la causa profunda de por qué se ha montado esta megacrisis.
El patrón repetido: jóvenes, mensajes coordinados y oportunidad política
"Hay un patrón que se repite siempre. Hay procuradores, que están ligados al régimen, que lanzan el mensaje de que se baja la guardia. Se acercan a los que están en terrazas, plazas, cafés y también lo difunden en redes sociales. Es algo coordinado", afirma Taleb Alisalem, activista y analista político.
Según este análisis, en su mayoría son jóvenes que no han querido estudiar o han cometido algún tipo de delitos. Coincide después del indulto real, que el monarca concede cada año. Como los que entran ahora muchas veces ya han tenido experiencia criminal, se ha disparado la cifra de delitos cometidos por estas personas. Huyen de la persecución social y legal. Los mismos marroquíes admiten que son personas a las que aplican una ley fuerte y les invitan a salir. Mantienen que es problema de los europeos si los aceptan.
Este año, Mohamed VI ha indultado a 1.788 condenados por la justicia, entre ellos uno con pena de muerte y otro a perpetuidad. El año pasado fueron cerca de 20.000 quienes fueron agraciados con el perdón real. En el discurso, leído desde Tetuán, el monarca marroquí alentó a los empresarios a que apoyen el desarrollo de un Marruecos emergente. Una imagen de país en transformación que contrasta con la estrategia de externalizar sus desafíos sociales hacia Europa.
La debilidad física del rey frente a la proyección de fuerza internacional
La debilidad física del rey, a quien a sus 63 años su hijo tuvo que ayudar a levantarse durante el acto, contrasta con esa imagen de país fuerte que quiere trasladar en la escena internacional. Pero la buena relación con Donald Trump da alas también a las autoridades marroquíes. Saben que en caso de choque con España o con la OTAN cuentan con su aliado del otro lado del Atlántico.
Esta dinámica no es nueva. Marruecos ha aprendido a utilizar la migración como moneda de cambio en sus relaciones con Europa. Y España, en ocasiones, ha respondido con concesiones que han sido interpretadas en Rabat como señales de debilidad. "Marruecos aplica una política de chantaje que el Gobierno de Sánchez ha ido premiando. En lugar de responder con contundencia, España cede, como vimos con el Sáhara", señala Alisalem.
Argelia en la ecuación: el acercamiento que molesta a Rabat
España y Marruecos van de crisis en crisis con pequeñas treguas. ¿A qué se debe el descontento ahora? Hay que tener en cuenta que el aniversario de la subida al trono brinda una oportunidad simbólica. A ello se suma que Marruecos se sabe en una posición de fuerza por la buena relación con la Administración Trump. Incluso aspira a que, una vez que Trump bendijo la marroquinidad del Sáhara, en un futuro también defienda la marroquinidad de Ceuta y Melilla.
Según Amin Lejarza, analista internacional de origen marroquí, "es un enfado por el acercamiento a Argelia de Pedro Sánchez, que se materializó con el viaje del jefe del Gobierno a Argel hace dos semanas. Argelia y Marruecos compiten. Y en el mercado del gas, Marruecos aspira a ser suministrador principal con el gasoducto que sale de Nigeria y pasará por el corredor atlántico". España anunció en el curso de esa visita que iba a aumentar las importaciones de gas argelino.
Argelia se ha visto aislada por distintos flancos y sumida en sus dificultades internas, mientras la política exterior marroquí ha aprovechado las oportunidades, sobre todo con la Administración estadounidense. "El mensaje es claro: nos ha molestado que te acerques a Argelia. Puedo enviar miles de migrantes a Ceuta. Lo próximo sería Canarias, incluso antes que Melilla", apunta Lejarza. Es una forma de desestabilizar al Gobierno español, también de cara a sus socios en Europa, como se ha visto con la reacción de Italia, que ha planteado suspender Schengen.
Ceuta como objetivo estratégico: prosperidad que se quiere dinamitar
"A Marruecos le gusta asfixiar a Ceuta para desestabilizar. El inmigrante que llega a Ceuta ve la Península. Incluso puede llegar en motos de agua. Busca ahogar a Ceuta porque de las dos ciudades autónomas es la que está más cerca de la península y donde se está invirtiendo más", añade el analista. En Ceuta se está montando un hub de centros de datos para empresas de juego que estaban en Gibraltar. Como es más próspera, desde Rabat se querría dinamitar ese avance.
En ese objetivo de anexionarse Ceuta y Melilla, Marruecos busca homogeneizar estas dos ciudades autónomas con otras ciudades vecinas. No es solo una reivindicación territorial: es una estrategia de presión constante que utiliza múltiples palancas, desde la diplomacia hasta la migración instrumentalizada.
El Mundial como escaparate: la proyección de una imagen occidental
Con el próximo Mundial, Marruecos también ha logrado un escaparate excepcional. Aspira a albergar la final y ha puesto el nombre de Trump a una mega autopista en un guiño a su aliado. "El Mundial puede ser un escaparate para mostrar al que venga de fuera que Marruecos no es tan diferente, es occidental. Van a ver Marrakech, Casablanca, Tánger… Y verá que no son tan diferentes a Ceuta y Melilla", señala Lejarza.
Casualidades de la vida, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, estuvo en Rabat para celebrar el ascenso al trono de Mohamed VI. La coincidencia no es inocente: el deporte, la migración, la energía y la diplomacia se entrelazan en una estrategia de proyección de poder que tiene a Europa como tablero.
La pregunta que define el debate: ¿cómo responder a la guerra híbrida?
Más allá de los datos y las declaraciones, hay una cuestión de fondo que merece ser formulada: ¿cómo debe responder una democracia a una estrategia que utiliza la migración como arma de presión política?
La respuesta no es sencilla. Por un lado, está la obligación humanitaria de proteger a quienes huyen de situaciones de vulnerabilidad. Por otro, la necesidad de defender la soberanía territorial y el Estado de derecho frente a maniobras que buscan desestabilizar. Y en medio, la complejidad de mantener relaciones con un vecino estratégico con el que se comparten fronteras, intereses económicos y desafíos de seguridad.
Algunos analistas apuntan a que la fortaleza en la respuesta es clave: "Argelia muestra fortaleza, cierra fronteras, militariza la frontera, cierra el espacio aéreo y contraataca si hay desinformación. Marruecos ha aprendido a respetar a Argelia. En España es todo lo contrario. Cada chantaje se premia y no se condena. Se sigue hablando de amistad y cooperación", señala Alisalem.
Pero la fortaleza no debe confundirse con la confrontación permanente. Y la cooperación no debe significar la aceptación pasiva de presiones inaceptables. Encontrar ese equilibrio es el verdadero desafío.
Lo que viene: gestión inmediata y estrategia a largo plazo
La crisis de Ceuta requiere respuestas inmediatas: control de fronteras, atención humanitaria a quienes llegan, coordinación con las autoridades marroquíes y europeas. Pero también exige una reflexión estratégica: ¿qué tipo de relación queremos construir con Marruecos a medio y largo plazo?
La migración no es el problema. Es un síntoma. Detrás de cada persona que cruza la frontera hay una historia, una expectativa, una necesidad. Y detrás de cada movimiento geopolítico hay intereses, cálculos y proyecciones de poder.
Entender ambas dimensiones es el primer paso para no caer en simplificaciones. Porque cuando se reduce una crisis compleja a un relato de buenos y malos, se pierde la capacidad de encontrar soluciones que protejan tanto los derechos como la estabilidad.
Cuando la frontera se convierte en espejo del sistema
Lo que ocurre en Ceuta no es solo un episodio migratorio. Es un espejo en el que se reflejan las tensiones de un mundo multipolar, donde las fronteras ya no son solo líneas en un mapa, sino espacios de disputa política, económica y simbólica.
La respuesta no la dará un decreto. La dará el tiempo. Y la dará, sobre todo, la ciudadanía: observando, preguntando, exigiendo que las decisiones se tomen con transparencia, con criterio y con respeto a los derechos fundamentales.
Porque al final, la soberanía no se mide por la capacidad de cerrar fronteras. Se mide por la capacidad de gestionar la complejidad sin renunciar a los principios.
Fuentes: Análisis de analistas políticos especializados en relaciones hispano-marroquíes, documentación judicial del Tribunal Supremo, datos de movilidad fronteriza, declaraciones institucionales españolas y marroquíes
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