El colapso de la seguridad en Ceuta tras la entrada masiva de migrantes impulsa una demanda sin precedentes de productos de protección personal, mientras vecinos y profesionales sanitarios denuncian desprotección y reclaman un mando único para la crisis.
No quedan espráis de pimienta en Ceuta. Las armerías de la ciudad autónoma han agotado existencias y acumulan listas de espera de cientos de personas. No es un fenómeno puntual. Es un síntoma.
«Los espráis de autodefensa se agotan en cuanto llegan», confirma José Daniel Mendoza, propietario de Deportes Mendoza, una armería del poblado marinero. La demanda trasciende lo civil: agentes de Policía y militares en servicio también acuden a comprar dispositivos de defensa. «Aquí todavía llevan las porras de la época de Franco», señala.
La petición no se limita a espráis. Los ceutíes buscan porras extensibles, pistolas táser y chalecos anticorte. Pero muchos de estos artículos requieren permisos especiales que las armerías no pueden gestionar de forma inmediata. Ante la saturación, los establecimientos han establecido listas prioritarias: personal sanitario y médicos que realizan visitas domiciliarias tienen preferencia.
El miedo se instala en los barrios
Fuentes de la Consejería de Sanidad confirman que los profesionales sanitarios «tienen miedo y se sienten desprotegidos al hacer su trabajo». Los incidentes se concentran en la periferia, pero también en centros de salud y en el propio Hospital Universitario de Ceuta, donde recientemente se registró un intento de apuñalamiento a un vigilante de seguridad.
La consecuencia es directa: muchos vecinos han dejado de acudir a revisiones médicas por temor a lo que puedan encontrar. La crisis migratoria se convierte, así, en una crisis sanitaria colateral.
El miedo también transforma la vida cotidiana en las calles. En Loma Colmenar, Carmelitas, El Morro o San José-Hadú, los vecinos han creado grupos para salir a correr o practicar deporte. «No estamos seguros, especialmente las mujeres, y hemos decidido organizarnos para que nadie se quede solo», explica Carmen, residente de la barriada periférica.
La organización vecinal va más allá del deporte. Son frecuentes las «patrullas» informales para vigilar los barrios. «Lo menos que te puede pasar es encontrarte a alguien haciendo sus necesidades en tu portal», relata un afectado. Aun así, denuncian reyertas, amenazas y agresiones sexuales en aumento.
«Abandono institucional»: la denuncia que cruza ideologías
La consejera de Sanidad y Servicios Sociales de Ceuta, Nabila Benzina Pavón, resume el sentir de muchas barriadas: «Piden auxilio ante el abandono institucional». Pavón señala que los vecinos de la periferia viven con miedo e incertidumbre: «¿Qué pasará con ellos si algo similar vuelve a ocurrir?».
Ante esta situación, el Gobierno de Ceuta insiste en pedir el establecimiento de un «mando único» que integre la respuesta de ministerios como Interior, Defensa, Sanidad y Migraciones. La propuesta cuenta con el respaldo de sindicatos como CSIF y la Organización Médica Colegial. Pero el Gobierno central la ha rechazado.
La pregunta que surge es inevitable: si la coordinación entre administraciones es insuficiente para gestionar una crisis que afecta a seguridad, sanidad y servicios básicos, ¿qué modelo de respuesta se está priorizando?
Autodefensa como último recurso: ¿síntoma o solución?
La proliferación de productos de autodefensa no es una solución estructural. Es una respuesta individual a un problema colectivo. Cuando la ciudadanía siente que las instituciones no garantizan su seguridad, busca alternativas por su cuenta.
Pero esta dinámica plantea riesgos adicionales:
- ¿Puede la generalización de dispositivos de defensa personal escalar conflictos en lugar de disuadirlos?
- ¿Qué formación tienen los ciudadanos para usar espráis de pimienta o porras de forma proporcionada y legal?
- ¿Quién asume la responsabilidad si una medida de autodefensa deriva en un incidente grave?
La seguridad no se construye solo con medios. Se construye con confianza. Y en Ceuta, esa confianza parece fracturada.
Los espráis de pimienta agotados son solo la punta del iceberg. Detrás hay una pregunta más profunda: ¿qué tipo de sociedad queremos construir cuando la confianza en las instituciones se resquebraja?
La autodefensa puede dar una sensación temporal de control. Pero la seguridad real requiere algo más complejo: coordinación, transparencia y, sobre todo, la certeza de que nadie queda atrás.
Mientras las armerías actualizan sus listas de espera, Ceuta sigue esperando respuestas.
Fuentes: Artículo de Juan Carlos Téllez en THE OBJECTIVE sobre la demanda de productos de autodefensa en Ceuta; declaraciones de José Daniel Mendoza (Armería Deportes Mendoza); testimonios de vecinos y profesionales sanitarios; comunicados de la Consejería de Sanidad de Ceuta y de organizaciones sindicales (CSIF, OMC).
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