El corazón que siente: el órgano vital también guarda memoria emocional


 

Durante décadas, la medicina ha enseñado a ver el corazón como una bomba: un músculo que se contrae, impulsa sangre y mantiene el cuerpo en movimiento. Pero la ciencia empieza a dibujar un panorama más complejo. Este órgano no solo responde a lo que hacemos, sino también a lo que sentimos. El estrés, la ansiedad o la forma en que gestionamos nuestras emociones pueden alterar directamente su ritmo, su funcionamiento e incluso la manera en que se comunica con el cerebro.
Lejos de ser un sistema aislado, el corazón forma parte de una red interconectada con el cerebro y el intestino. Y en esa red, las emociones juegan un papel clave. Los expertos apuntan a que puede actuar como una auténtica herramienta de regulación emocional, capaz de enviar señales que influyen en nuestro estado mental. Entender esta relación abre una nueva vía para cuidar la salud cardiovascular desde una perspectiva más integral.

"El corazón tiene memoria y un lenguaje propio"

"El corazón tiene memoria, un lenguaje propio y una conexión profunda con nuestras emociones", afirma en una entrevista el cardiólogo Aurelio Rojas, divulgador en redes sociales y autor del libro 'Tu corazón tiene algo que decirte'. Para Rojas, el corazón es "el órgano emocional del cuerpo": "No solo reacciona a lo que hacemos, sino también a cómo lo vivimos. Late en coherencia con nuestro estado mental, recuerda lo que hemos vivido y se desequilibra cuando lo emocional no se expresa".
Esta visión trasciende la óptica puramente mecánica que ha dominado la cardiología durante generaciones. "Todos los órganos del cuerpo están conectados entre sí, no son independientes", explica el especialista, citando el llamado "eje intestino-cerebro-corazón". Se trata de una relación bidireccional: las alteraciones cerebrales influyen en el estado de ánimo, y la interpretación de las emociones afecta a los circuitos neuronales y a los neurotransmisores.

Cuando el corazón avisa: señales que no debemos ignorar

"Ante situaciones emocionales importantes nos late el corazón más rápido o más fuerte, tenemos taquicardias o nos falta el aire", describe Rojas. "Emociones negativas mantenidas en el tiempo repercuten en nuestro corazón, y si no ponemos fin a las mismas, el corazón nos dará un aviso".
El cardiólogo destaca que el corazón envía más señales al cerebro de las que recibe, especialmente a zonas involucradas en el procesamiento emocional y en la toma de decisiones, como el tálamo, la amígdala y la corteza prefrontal. Además, produce un campo electromagnético que cambia con nuestro estado emocional y que puede medirse a varios metros del cuerpo. Este campo modula la actividad del sistema nervioso autónomo, participando activamente en la regulación del estrés, el descanso e incluso la llamada "memoria emocional".

Una herramienta al alcance de todos: regular el ritmo para regular la emoción

Rojas defiende que el corazón puede convertirse en una herramienta de regulación emocional. "Podemos trabajar con nuestro ritmo cardiaco. Si lo modulamos para que late más despacio y de forma eficiente, con ejercicios de relajación o respiración profunda, podemos mandar señales neuronales al sistema nervioso parasimpático —el de la calma— para controlar determinadas situaciones".
La evidencia es tangible: cuando experimentamos estrés o ansiedad, el corazón late de forma irregular o acelerada. Cuando hay calma, el ritmo se estabiliza y se vuelve más eficiente. Y cuando sentimos amor o conexión, el ritmo cardiaco se vuelve coherente, sincronizándose incluso con el corazón de la persona que tenemos al lado. La variabilidad de la frecuencia cardiaca, un indicador de salud cardiovascular, se adapta en tiempo real a nuestro entorno emocional.

Lo que el cuerpo no digiere, el corazón lo paga

"Cuando experimentamos una emoción intensa —rabia, miedo, tristeza, frustración— y no la elaboramos, no la gestionamos correctamente, esa carga no desaparece", advierte Rojas. "Se convierte en una tensión interna sostenida, en un ruido de fondo que se cuela en el sistema nervioso autónomo. Y el corazón es extremadamente sensible a estas señales".
Por eso, muchas personas sienten palpitaciones sin haber hecho esfuerzo físico, latidos irregulares sin arritmia estructural en el electrocardiograma, aceleraciones repentinas en reposo o dolor opresivo sin lesión en las arterias coronarias. "Todo lo que el sistema emocional no digiere termina convirtiéndose en una carga para el cuerpo y también para el corazón", concluye el especialista.

La pregunta que abre camino

Cuando la ciencia confirma que el corazón guarda memoria emocional, la medicina no puede seguir mirando solo hacia la biología. Cuidar el corazón exige también cuidar lo que sentimos, lo que callamos y lo que expresamos.
No se trata de sustituir tratamientos por bienestar emocional. Se trata de integrarlos. Porque un corazón sano no es solo un corazón que late con fuerza.
Es un corazón que late en paz.

Fuentes: Infosalus, entrevista con el cardiólogo Aurelio Rojas, libro 'Tu corazón tiene algo que decirte' (Editorial Zenith), investigaciones sobre el eje intestino-cerebro-corazón, estudios sobre variabilidad de la frecuencia cardiaca y regulación emocional
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