Dos manifestaciones. Misma hora. Puntos de partida cercanos. Madrid celebró el Día Internacional de la Mujer con el feminismo marchando en paralelo: la Comisión 8M, apoyada por el Gobierno, con gritos de "no a la guerra"; y el Movimiento Feminista de Madrid, con presencia del PP, defendiendo el abolicionismo y rechazando que la prostitución sea considerada trabajo. La pregunta que surge en la calle es inevitable: ¿puede un movimiento por la igualdad construir puentes si primero se divide en trincheras?
Hay fechas que deberían unir. El 8 de marzo es una de ellas. Pero en España, desde hace años, el Día Internacional de la Mujer se ha convertido en un termómetro de las fracturas del feminismo. Y este 2026 no ha sido la excepción.
Dos marchas, dos relatos
La primera en arrancar fue la del Movimiento Feminista de Madrid. Bajo el lema "Frente a la barbarie patriarcal, feminismo internacionalista: ¡Ni veladas, ni explotadas, ni prostituidas!", las manifestantes partieron desde Cibeles con carteles que decían "Los cuerpos de las mujeres no son mercancía" o "La esclavitud fue abolida ¿y la prostitución para cuando?".
Su mensaje es claro: la prostitución es "una de las expresiones más brutales de la violencia patriarcal" y no debe ser considerada trabajo. Reclaman al Ministerio de Igualdad una ley abolicionista que persiga a quienes se benefician económicamente de la prostitución. También exigen un Sistema Público de Cuidados, la regularización de mujeres migrantes y el fin de cualquier explotación laboral basada en la subordinación económica de la mujer.
A esta marcha acudieron diputados y senadores del PP, encabezados por Jaime De los Santos. La ministra de Igualdad, Ana Redondo, no estuvo: prefirió manifestarse en Valladolid.
Poco después, desde Atocha, arrancó la marcha de la Comisión 8M. Bajo el lema "Feministas Antifascistas. Somos más. En todas partes", los cánticos fueron "feministas antirracistas", "arriba el feminismo que va a vencer" y, sobre todo, "no a la guerra".
Las convocantes explicaron que salían "con rabia organizada" para "defender los derechos de todas y de todes" y gritar "no a la guerra, no a ninguna guerra". La marcha incluyó paradas temáticas: Palestina y antimilitarismo en Neptuno; antirracismo y regularización entre Neptuno y Cibeles; violencias y derechos sexuales en Cibeles; y Ley Trans y subvenciones frente al Ministerio de Igualdad.
A esta manifestación acudieron la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz, las ministras Elma Saiz, Óscar López, Sira Rego y Mónica García, así como Irene Montero e Ione Belarra. Ana Redondo, de nuevo, brilló por su ausencia.
La guerra como eje transversal
Un elemento común a ambas marchas, aunque con matices, ha sido el rechazo a la guerra. En la Comisión 8M, el "no a la guerra" fue un cántico recurrente, vinculado a Palestina y al antimilitarismo. En el Movimiento Feminista de Madrid, se denunció la "barbarie patriarcal de las guerras, genocidios y masacres contra la población".
Pero aquí surge una pregunta incómoda: ¿puede el feminismo construir una agenda común si prioriza conflictos externos sobre demandas internas? ¿O es legítimo que la lucha por la igualdad incluya una crítica estructural a la guerra como herramienta de dominación?
Abolicionismo vs. regulación: el debate que no se cierra
La prostitución sigue siendo el gran divisor. Para el Movimiento Feminista de Madrid, es violencia patriarcal y debe abolirse. Para otras corrientes feministas, es trabajo y debe regularse para proteger a quienes lo ejercen.
No es un debate nuevo. Pero en un momento en el que plataformas como OnlyFans normalizan la monetización del cuerpo, la pregunta se vuelve más urgente: ¿dónde trazamos la línea entre autonomía económica y explotación? ¿Quién decide qué es libertad y qué es coacción?
Preguntas que vale la pena hacerse
¿Puede un movimiento por la igualdad avanzar si marcha dividido? ¿Es legítimo que partidos políticos de signo opuesto apoyen manifestaciones feministas diferentes? ¿Debe el feminismo priorizar la lucha contra la prostitución o la regulación de derechos laborales para quienes la ejercen?
También cabe preguntarse por el papel de las instituciones: si la ministra de Igualdad no acude a ninguna de las dos marchas en Madrid, ¿qué mensaje se envía? ¿Neutralidad? ¿Distancia? ¿O incapacidad para mediar?
Contexto para entender el momento
La división del feminismo español no es anecdótica. Refleja tensiones más profundas: abolicionismo vs. regulacionismo, identidad de género vs. sexo biológico, priorización de luchas globales vs. demandas locales.
En un año marcado por la guerra en Oriente Medio, la polarización política y el auge de discursos antit género, el 8-M no podía ser una celebración unánime. Pero quizás esa sea su verdadera función: no cerrar debates, sino visibilizarlos.
Reflexión final
La igualdad no se construye con consignas. Se construye con diálogo, con escucha, con voluntad de entender al otro. Si el feminismo quiere transformar la sociedad, primero debe aprender a transformar sus propias diferencias en riqueza, no en fractura.
Datos clave
- Dos manifestaciones en Madrid: Movimiento Feminista de Madrid (Cibeles, abolicionista, con presencia del PP) y Comisión 8M (Atocha, antifascista, con apoyo gubernamental).
- Lemas principales: "Ni veladas, ni explotadas, ni prostituidas" (abolicionismo) vs. "Feministas Antifascistas. Somos más. En todas partes" (antimilitarismo, antirracismo).
- Demandas clave: Ley abolicionista de prostitución, Sistema Público de Cuidados, regularización de mujeres migrantes, desarrollo de la Ley Trans.
- Asistentes destacados: Yolanda Díaz, Sira Rego, Mónica García, Irene Montero, Ione Belarra (Comisión 8M); Jaime De los Santos y delegación del PP (Movimiento Feminista).
- Ausencia relevante: Ana Redondo, ministra de Igualdad, no acudió a ninguna marcha en Madrid; se manifestó en Valladolid.
- Eje transversal: Rechazo a la guerra en ambas marchas, aunque con enfoques distintos (Palestina/antimilitarismo vs. barbarie patriarcal global).
- Debate de fondo: Abolicionismo vs. regulación de la prostitución; identidad de género; priorización de luchas.
Fuentes: The Objective, declaraciones de organizaciones feministas, cobertura mediática del 8-M 2026 en Madrid
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