El listado de Marlaska: "documento interno" o manual de control | Cuando clasificar periodistas por ideología se presenta como "mejora de eficacia"


 
El ministro del Interior defiende como herramienta de comunicación un informe que etiqueta a profesionales de la información con expresiones como "afín al PSOE" o "tendencia conservadora", mientras el Ministerio pide disculpas a quienes "se hayan sentido ofendidos".
«Es simplemente eso y ninguna otra finalidad». Con esta frase, Fernando Grande-Marlaska ha intentado cerrar una polémica que, lejos de apagarse, enciende una alerta sobre los límites entre la comunicación institucional y la vigilancia ideológica.
El listado, elaborado por la Oficina de Comunicación del Interior, incluye fichas con fotografías y comentarios sobre la adscripción política de periodistas españoles. Expresiones como "afín al PSOE", "tendencia conservadora", "independiente" o "apoya al Gobierno" aparecen junto a nombres de profesionales de la información.
El ministro asegura que no encargó ni conocía el informe hasta su publicación en prensa. Pero el documento existe. Y su contenido, también.

"Mejorar la eficacia" o dibujar un mapa de afinidades

Según Marlaska, el listado busca «conocer lo que se dice de la actuación del Ministerio y realizar una labor de comunicación dirigida». Es decir, establecer «la estrategia comunicativa más correcta en cada momento».
La pregunta que surge es inevitable: ¿para qué sirve clasificar a los periodistas por su ideología si la información se comparte «con todos los medios por igual», como afirma el Ministerio?
Si el objetivo es realmente la eficacia comunicativa, ¿por qué no basta con analizar temas, enfoques o audiencias, sin necesidad de etiquetar a las personas por sus convicciones políticas?

Disculpas por "sentirse ofendido": el lenguaje que minimiza

La Oficina de Comunicación ha emitido un comunicado en el que afirma que el documento no tiene «ningún propósito de establecer censura, restricción o límite alguno a los periodistas». Y pide disculpas a los profesionales «que se hayan sentido ofendidos por el contenido».
La fórmula es reveladora: no se disculpa por haber elaborado el listado, sino por haber causado una sensación. No se cuestiona el método, sino la reacción.
Cuando una institución clasifica a quienes la observan, el mensaje que se envía —independientemente de la intención— es que la mirada crítica puede ser catalogada, archivada y, en última instancia, gestionada.

Ceuta: normalidad aparente y "inseguridad subjetiva"

En la misma rueda de prensa, Marlaska ha abordado la situación en Ceuta tras el inicio del curso escolar. Ha descrito la jornada como desarrollada en «completa normalidad», pese a que un 30% de las familias optó por no llevar a sus hijos a la escuela.
El ministro ha agradecido a docentes y población ceutí su «empatía» y «talante», pero ha calificado la percepción de inseguridad ciudadana como «subjetiva», añadiendo que el Ejecutivo quiere «revertirla».
La distinción entre inseguridad objetiva y subjetiva es técnica. Pero para quien teme cruzar ciertas calles o prefiere no enviar a sus hijos al colegio, la distinción no cambia la realidad.

CATEs permanentes y fondos europeos: gestión sobre el terreno

Marlaska ha solicitado a la Unión Europea la instalación de CATEs permanentes en Ceuta y Melilla, con capacidad para 800 personas cada uno y un coste total de 4,5 millones. También ha destacado la finalización de un nuevo centro para 400 migrantes en Ceuta.
Se han trasladado más agentes de Extranjería y Policía Científica para agilizar trámites, aunque persiste la necesidad de alojamiento adecuado para efectivos desplazados desde la Península.
El ministro ha asegurado que no será necesario renovar el mandato de Ángel Víctor Torres al frente de la gestión en Ceuta. La crisis, dice, se aborda con herramientas estructurales.
Pero mientras se construyen centros y se solicitan fondos, la pregunta de fondo permanece: ¿puede la gestión logística resolver una crisis que tiene raíces geopolíticas, sociales y, ahora también, comunicativas?

Preguntas para el lector

  • Si un ministerio clasifica a los periodistas por ideología, ¿dónde trazamos la línea entre la inteligencia comunicativa y el control de la disidencia?
  • ¿Es compatible con la libertad de prensa que una institución pública elabore perfiles políticos de quienes la informan?
  • Cuando se pide disculpas por "sentirse ofendido" y no por el acto que generó esa sensación, ¿se está asumiendo responsabilidad o gestionando percepción?
  • ¿Puede la ciudadanía confiar en que la información que recibe no está filtrada por criterios de afinidad política si existe un listado que los cataloga?
George Orwell no escribió 1984 como una predicción. Lo escribió como una advertencia. Y las advertencias, cuando se ignoran, tienden a cumplirse.
Clasificar a quienes nos informan no es inocuo. Porque cuando el poder sabe quién piensa qué, puede decidir quién escucha qué. Y en una democracia, esa decisión no debería estar en manos de nadie.

Fuentes: Rueda de prensa del ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska; comunicado de la Oficina de Comunicación del Ministerio del Interior; información publicada por El Confidencial sobre el listado de periodistas; datos oficiales sobre la situación educativa y de acogida en Ceuta.
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