El 77% de los menores que se declararon trans sufrían en realidad traumas por abusos, bullying, separación, divorcio, muerte o enfermedad de un familiar. La asociación Amanda, conformada por decenas de madres de jóvenes con problemas de disforia de género de inicio rápido, ha realizado la primera macroencuesta nacional con 476 familias asesoradas en cinco años. El 67% sufría problemas de socialización y el 65% neurodivergencia o trastorno psicológico, principalmente TEA, AACC o TDAH. El 81% de los casos son niñas. El 30% de chicas y 21% de chicos desistieron y volvieron a identificarse con su sexo biológico. En el 60% de los casos, los padres ni siquiera fueron informados del cambio de nombre en el centro educativo. La pregunta es inevitable: ¿por qué los protocolos educativos permiten transiciones sociales sin consentimiento parental?
Hay dolores que se expresan de una forma. Y hay dolores que se confunden con otra. Cuando el 77% de los niños que se dicen trans arrastran traumas previos, no es solo identidad. Es síntoma. Y los síntomas, cuando hay menores de por medio, siempre tienen destinatario.
Los hechos: qué dice el estudio, qué revela Amanda
La asociación Amanda, nacida a finales de 2021, ha hecho la primera macroencuesta nacional sobre cómo afecta la ideología de género a los menores de edad, teniendo en cuenta la experiencia de 476 familias asesoradas en los últimos cinco años.
La respuesta ha sido reveladora: el 77% de los menores que se declararon trans sufrían en realidad de traumas por abusos, bullying, separación, divorcio, muerte o enfermedad de un familiar.
Del total, el 67% sufría de problemas de socialización y el 65% de neurodivergencia o trastorno psicológico, principalmente TEA (trastorno del espectro autista), AACC (altas capacidades) o TDAH (trastorno de atención con hiperactividad).
El perfil: niñas, adolescentes y desistimiento
La encuesta también muestra que la mayoría de los menores de edad que sufren disforia de género son niñas. En concreto, el 81%.
Además, ellas se declaran trans antes que ellos: en secundaria, entre los 12 y 16 años.
Sin embargo, la mayoría de ellas ejerce una transición meramente social (esto es, cambio de nombre en el centro educativo), mientras que en los niños el porcentaje de los que se someten a transición médica es mayor.
Otro dato interesante que arroja el estudio es que un 30% de las chicas y un 21% de los chicos desistieron y volvieron a identificarse con su sexo biológico.
La voz de los expertos: «No es un fenómeno natural e imparable»
«Esta investigación, la primera que se realiza en nuestro país, cuenta con una muestra abundante, al nivel de otras prestigiosas que se han realizado a nivel internacional, y sus conclusiones son muy sólidas», considera José Errasti, profesor de Psicología en la Universidad de Oviedo.
Entre estas conclusiones, que «la disforia de género no es un fenómeno de anhelo interno, sino que está enmarcado en un contexto de otros problemas psicológicos que los menores arrastran desde niños y marcan su desarrollo».
El psicólogo también señala el porcentaje de desistimiento, entre el 21% y 30%, «lo cual habla en contra de que estemos ante un fenómeno natural e imparable».
Los padres excluidos: el 60% no fue informado
Por último, en lo referente al ámbito educativo, en el 70% de los casos los progenitores no firmaron la autorización para el cambio de nombre del estudiante.
En el 60% ni siquiera fueron informados.
Por esto, cinco de cada diez familias reportan experiencias negativas, en algunos casos con amenazas de derivar a sus descendientes a los servicios sociales.
Amanda considera que «los protocolos educativos promulgados por las leyes transautonómicas y los centros educativos dificultan el tratamiento social adecuado de adolescentes vulnerables, lo que podría derivar en tratamientos hormonales cruzados, cuyo efecto es desconocido en la salud a largo plazo».
El informe Cass: Reino Unido llega a las mismas conclusiones
Los resultados del sondeo van en línea de los arrojados por la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres en su Análisis de los protocolos educativos de corte transgenerista en España.
Esto es coherente con hallazgos similares realizados en Estados Unidos y Europa. De todos ellos, destaca en Reino Unido el profuso estudio realizado por la doctora Hillary Cass, el conocido comúnmente como informe Cass, que hizo un análisis exhaustivo de 113.269 casos de menores y jóvenes en 18 países.
El informe concluyó que el auge súbito y exponencial de los casos de disforia de género entre jóvenes no tiene origen biológico, sino eminentemente psicológico y social.
Muchos de los menores que refieren disforia de género en realidad tendrían condiciones del espectro autista, podrían sufrir depresión, ansiedad, trastornos alimentarios u otras condiciones psicológicas y sociales que incidirían en su malestar.
Casos en España: el de Susana Domínguez
En España ya ha habido casos como el de Susana Domínguez, joven de Galicia que se sometió a una cirugía de mutilación de pechos y genitales sin supervisión psiquiátrica, y finalmente se detectó que la causa de su malestar no era la disforia, sino el autismo.
Terminó demandando a la Sanidad Pública. No es, ni mucho menos, un caso aislado.
Preguntas que vale la pena hacerse
¿Por qué los protocolos educativos permiten cambios de nombre y transiciones sociales sin informar a los padres? ¿Tienen los centros educativos más autoridad que las familias sobre la identidad de los menores?
También cabe preguntarse: si el 77% de estos niños sufren traumas previos, ¿por qué se medicaliza el síntoma en lugar de tratar la causa? ¿Es más fácil cambiar el nombre que abordar el abuso, el bullying o la neurodivergencia?
Y sobre todo: ¿qué responsabilidad tienen los influencers y grupos trans online en el «contagio social» que describe el ensayo 'Nadie nace en un libro equivocado'?
Contexto para entender el momento
El modelo afirmativo valida directamente la transición sin explorar causas subyacentes. Los psicólogos José Errasti y Marino Pérez Álvarez lo describen como «contagio social» a través de influencers y grupos online.
El informe Cass del Reino Unido es uno de los estudios más exhaustivos jamás realizados sobre el tema. 113.269 casos. 18 países. Conclusiones que España ignora.
Las leyes transautonómicas permiten a los centros iniciar la transición social del alumnado sin conocimiento de los progenitores. Los padres pueden ser denunciados a servicios sociales si no firman el consentimiento.
La asociación Amanda representa a decenas de madres que han vivido esta situación. Su macroencuesta es la primera en España con muestra significativa.
Reflexión final
77% con traumas previos. 65% con neurodivergencia. 30% que desisten. Cuando el dolor se confunde con identidad, el tratamiento equivocado deja secuelas irreversibles. Los padres son los primeros responsables de sus hijos, no los protocolos educativos. Escuchar el síntoma sin investigar la causa no es progreso. Es negligencia.
Datos clave
- Estudio: Primera macroencuesta nacional de la asociación Amanda; 476 familias asesoradas en cinco años.
- Traumas previos: 77% de menores que se declararon trans sufrían abusos, bullying, separación, divorcio, muerte o enfermedad familiar.
- Problemas de socialización: 67% de los casos.
- Neurodivergencia: 65% con TEA, AACC o TDAH.
- Género: 81% de los casos son niñas.
- Edad: Ellas se declaran trans entre 12-16 años (secundaria); ellos más tarde.
- Desistimiento: 30% de chicas y 21% de chicos volvieron a identificarse con su sexo biológico.
- Padres excluidos: 70% no firmaron autorización para cambio de nombre; 60% ni siquiera fueron informados.
- Experiencias negativas: 5 de cada 10 familias reportan problemas, algunos con amenazas de derivación a servicios sociales.
- Experto: José Errasti, profesor de Psicología en Universidad de Oviedo.
- Informe Cass: Reino Unido; 113.269 casos en 18 países; concluye origen psicológico y social, no biológico.
- Caso España: Susana Domínguez (Galicia); cirugía sin supervisión psiquiátrica; causa real era autismo; demandó a Sanidad Pública.
- Libro: 'Nadie nace en un libro equivocado' (Deusto, 2022); José Errasti y Marino Pérez Álvarez.
- Modelo afirmativo: Valida y medicaliza la transición sin explorar contextos subyacentes.
Fuentes: The Objective, asociación Amanda, Universidad de Oviedo, informe Cass (Reino Unido), Alianza Contra el Borrado de las Mujeres, caso Susana Domínguez
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