Un tribunal de Estados Unidos ha puesto precio al daño. 375 millones de dólares. 317 millones de euros. Es lo que Meta tendrá que pagar tras determinar que la plataforma perjudicó deliberadamente la salud mental de los niños.
Pero el dinero no es lo importante. Lo importante es lo que salió a la luz durante el juicio.
Los correos internos. Las reuniones de ejecutivos. Las decisiones tomadas sabiendo que el producto dañaba a quienes más lo usaban.
Y ahora, por primera vez, un jurado ha dicho en voz alta lo que muchos sospechaban: no fue un accidente. Fue una elección.
EL VEREDICTO
El martes, el jurado emitió su decisión. Meta incurrió en prácticas comerciales "inaceptables". Se aprovechó de las vulnerabilidades y la inexperiencia de los niños.
Miles de infracciones de la Ley de Prácticas Desleales de Nuevo México. Una ley que protege a los consumidores frente a las prácticas comerciales desleales.
La empresa no tendrá que cambiar ninguna de sus prácticas de inmediato. En mayo tendrá lugar la segunda fase del juicio. Un juez decidirá si las plataformas de Meta constituyen una "molestia pública" y deben financiar programas públicos para hacer frente a los daños causados.
Un portavoz de Meta declaró a Associated Press que la empresa no está de acuerdo con el veredicto. Que lo recurrirán.
"Trabajamos duro para garantizar la seguridad de las personas en nuestras plataformas", afirmó. "Seguiremos defendiéndonos enérgicamente".
Las palabras suenan huecas cuando las lee quien ha escuchado los testimonios.
LA INVESTIGACIÓN ENCUBIERTA
La demanda fue presentada en 2023 por Raúl Torrez, fiscal general de Nuevo México.
Su departamento llevó a cabo operaciones encubiertas con cuentas ficticias que se hacían pasar por menores de 14 años.
Lo que descubrieron no fue sorprendente. Fue devastador.
Las plataformas de Meta son "lugares idóneos para que los depredadores intercambien pornografía infantil y soliciten sexo a menores".
Los fiscales recopilaron pruebas de que las plataformas dirigían a los usuarios jóvenes hacia "un torrente de imágenes escandalosas y sexualmente explícitas".
Recomendaba a los menores que se unieran a grupos de Facebook sin moderación para facilitar el comercio sexual.
No fue un fallo del sistema. Fue el sistema funcionando como fue diseñado.
LO QUE SABÍAN Y NO DIJERON
La demanda señalaba que Meta no ha revelado ni abordado plenamente los peligros de la adicción a las redes sociales.
La empresa de Mark Zuckerberg no ha reconocido que exista la adicción a las redes sociales. Pero los ejecutivos admitieron durante el juicio que existe un "uso problemático".
Y afirmaron que quieren que las personas se sientan bien con el tiempo que pasan en las plataformas de Meta.
Los miembros del jurado examinaron la correspondencia interna y los informes de Meta sobre la seguridad infantil.
Escucharon los testimonios de ejecutivos de Meta. De ingenieros de la plataforma. De denunciantes. De psiquiatras. De consultores de ciberseguridad.
Y preguntaron si los usuarios de las redes sociales habían sido engañados por declaraciones específicas sobre la seguridad de la plataforma realizadas por ejecutivos.
Entre ellos, el propio director ejecutivo de Meta. El director de Instagram, Adam Mosseri. La directora global de seguridad de Meta, Antigone Davis.
También tuvieron en cuenta el incumplimiento por parte de Meta de su prohibición de usuarios menores de 13 años.
El papel de sus algoritmos a la hora de dar prioridad a contenidos sensacionalistas o perjudiciales.
La prevalencia de contenidos en las redes sociales sobre el suicidio adolescente.
EL DISEÑO DE LA ADICCIÓN
Otras demandas contra Meta están en marcha.
El caso de Nuevo México fue uno de los primeros en llegar a juicio dentro de una oleada de litigios relacionados con las plataformas de redes sociales y su impacto en los niños.
Más de 40 fiscales generales estatales han presentado demandas contra Meta.
Alegan que contribuye a una crisis de salud mental entre los jóvenes al diseñar deliberadamente funciones adictivas en Instagram y Facebook.
En California, un juicio piloto determinará si las plataformas de Meta y Google son perjudiciales y adictivas para los niños.
La demanda fue interpuesta por una joven de 19 años, identificada solo por las iniciales "KGM".
Afirma que el uso de Instagram de Meta y YouTube de Google a temprana edad le provocó una depresión agravada y pensamientos suicidas.
La demanda argumenta que las empresas adoptaron decisiones de diseño deliberadas.
Similares a las técnicas utilizadas en los casinos.
Para hacer que sus plataformas fueran más adictivas para los niños y así aumentar sus ganancias.
LAS CIFRAS QUE DUELEN
LAS PREGUNTAS QUE PERMANECEN
¿Cuántos niños más tendrán que sufrir antes de que cambie el diseño de estas plataformas?
¿Qué valor tiene una multa de 375 millones para una empresa que factura más de 100.000 millones al año?
¿Es suficiente con pagar cuando el daño ya está hecho?
¿Quién responde cuando un algoritmo recomienda contenido sobre suicidio a un adolescente vulnerable?
¿Y quién protege a los niños cuando la protección reduce las ganancias?
EL CONTEXTO GLOBAL
Meta no es la única empresa bajo escrutinio.
Google enfrenta demandas similares por YouTube.
TikTok está siendo investigada en múltiples países por su impacto en menores.
Pero Meta tiene algo que las otras no tienen: documentos internos que demuestran conocimiento previo del daño.
Y eso cambia todo.
Porque cuando sabes que tu producto daña y sigues vendiéndolo, ya no es negligencia.
Es otra cosa.
LO QUE VIENE
La segunda fase del juicio en mayo podría obligar a Meta a financiar programas públicos para hacer frente a los daños causados.
Pero el dinero no restaura la salud mental.
No devuelve la infancia.
No borra las imágenes que un niño no debería haber visto.
No silencia los pensamientos suicidas que un algoritmo alimentó.
Los 375 millones son un precedente.
Pero el precedente no es la justicia.
Es solo el comienzo.
EN PERSPECTIVA
Una empresa que vale más de un billón de dólares.
Un jurado que dice "basta".
Millones de niños que siguen conectados.
Y una pregunta que nadie quiere responder en voz alta:
Si sabían que dañaba, ¿por qué lo lanzaron?
Si sabían que era adictivo, ¿por qué lo diseñaron así?
Si sabían que los depredadores estaban allí, ¿por qué no los echaron?
Las respuestas están en los correos internos.
En los testimonios de los ejecutivos.
En las grabaciones de las reuniones.
Y ahora, por primera vez, en un veredicto judicial.
375 millones de dólares.
Es lo que cuesta la infancia rota.
El precio, sin embargo, lo pagan otros.
Fuentes: Euronews, Associated Press, Fiscalía General de Nuevo México, testimonios del juicio, documentos judiciales
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