Pedro Sánchez ha anunciado la puesta en marcha de 'Hodio', la 'Huella de Odio y Polarización', una herramienta estatal para "medir de forma sistemática la presencia, evolución y alcance de los discursos de odio en las plataformas digitales". Los resultados se harán públicos "para que todo el mundo sepa quién frena el odio, quién mira hacia otro lado y quién hace negocio con el odio". El objetivo, dice el presidente, es "sacar el odio de la sombra". Pero la pregunta que surge en la calle es inevitable: ¿quién decide qué es odio? ¿Y qué pasa cuando el Estado empieza a medir, clasificar y exponer lo que dices en internet?
Hay herramientas que protegen. Y hay herramientas que vigilan. Cuando un Gobierno lanza un sistema para medir lo que la gente dice en redes sociales, no es solo una cuestión técnica. Es una cuestión de libertad. Y cuando la libertad se mide con algoritmos, siempre hay alguien que paga el precio.
Los hechos: qué es 'Hodio', qué pretende medir
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este miércoles en la Cumbre contra el Odio, celebrada en la Galería de las Colecciones Reales de Madrid, la puesta en marcha de la herramienta 'Hodio' para "medir de forma sistemática la presencia, la evolución y también la amplificación y el impacto de estos discursos de odio en las plataformas digitales".
El instrumento, llamado oficialmente 'Huella de Odio y Polarización', "va a ser una herramienta transparente, rigurosa, basada en criterios académicos reconocidos", según ha apuntado Sánchez. Además, ha aseverado que se expondrán públicamente los resultados "para que todo el mundo sepa quién frena el odio, quién mira hacia otro lado y quién hace negocio con el odio".
El sistema combinará análisis cuantitativo y revisión experta para garantizar "precisión y representatividad".
Hasta aquí, la versión oficial. A partir de aquí, las preguntas.
El contexto: un paquete regulatorio que ya inquieta
Sánchez ya avanzó esta medida el pasado mes de febrero, durante el World Governments Summit en Dubái, dentro de un paquete de normas regulatorias para hacer frente a los abusos de las grandes plataformas digitales y garantizar un entorno digital seguro.
Entre ellas, también se encontraba:
- La prohibición del acceso a redes a menores de 16 años, obligando a las plataformas digitales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad
- La tipificación como delito de la manipulación de los algoritmos y la amplificación de contenido ilegal
No son medidas menores. Son cambios estructurales en cómo se regula internet en España. Y cuando se combinan con una herramienta estatal para medir el "odio", la pregunta no es si el odio existe. La pregunta es quién lo define.
"El odio es un producto que se mercantiliza"
Durante su discurso, Sánchez ha alertado de que el odio no surge de forma "espontánea", sino que se cultiva y se utiliza como arma política. "Es como un virus en un laboratorio con el que se experimenta, simplificando la realidad hasta convertirla en un ellos contra nosotros", ha subrayado.
Según ha explicado, este fenómeno comienza con estereotipos que reducen a las personas a etiquetas —como presentar a migrantes como delincuentes o ridiculizar a personas trans— y puede terminar en discriminación o violencia.
"El odio es un producto que se mercantiliza", ha destacado Sánchez, algo que ha dicho que "los diseñadores del algoritmo lo saben" y que, por ello, lo potencian para "mantener enganchada a la gente en esos discursos y en esas conversaciones de odio".
"Cuando el odio se normaliza en Internet acaba filtrándose en nuestra vida cotidiana, en el acoso en la calle, en la discriminación laboral, en las puertas que se cierran al buscar una vivienda", ha advertido.
Hasta aquí, el diagnóstico. Pero el remedio es lo que genera dudas.
X, Elon Musk y el aumento del 50% en discurso de odio
Sánchez se ha referido concretamente a la red social X, de la que ha dicho que, tras la compra del empresario Elon Musk, el discurso de odio en la plataforma aumentó un 50%.
"Hemos pasado de la libertad de expresión a la expresión de dar libertad a la agresión verbal y, posteriormente, pues evidentemente física a un espacio donde el insulto se presenta como una opinión y el acoso como un debate", ha señalado.
La crítica a X es legítima. Pero cuando un Gobierno lanza una herramienta para medir el odio en redes, la pregunta es: ¿medirá también el odio que se ejerce desde el poder? ¿O solo el que viene de abajo?
El caso Torre Pacheco: cuando un delito se convierte en excusa
Sánchez también ha aludido al episodio ocurrido en julio del año pasado en Torre Pacheco (Murcia), donde una agresión a un vecino de 68 años "se convirtió, en cuestión de horas, en una llamada a la cacería contra personas de origen magrebí".
Según ha argumentado, "se intentó transformar un delito individual en una excusa para el odio racial". Aunque a la llamada a la violencia acudieron "muy pocas" personas, sí se amplificó en Internet, donde "se intentó construir un relato de enfrentamiento".
"El odio hace mucho ruido en las redes sociales pero nunca representa a la mayoría", ha recalcado.
Pero entonces surge una pregunta incómoda: si el odio "nunca representa a la mayoría", ¿por qué necesita el Estado una herramienta específica para medirlo? ¿No es el odio, por definición, minoritario? ¿O es que la definición de "odio" se está ampliando para incluir disidencia, crítica o simplemente opiniones incómodas?
"Que la vergüenza cambie de bando": la referencia a Gisèle Pelicot
Sánchez ha invocado a Gisèle Pelicot para cerrar su mensaje: "Si me permitís, como diría Gisèle Pelicot, hagamos que aquí también la vergüenza cambie de bando".
El entorno digital no puede ser un espacio sin reglas, y, a partir de ahora, las redes sociales tendrán que rendir cuentas públicamente por cada contenido de odio que permitan y la sociedad en su conjunto podrá ser consciente de los ambientes en los que nos relacionamos, en los que se mueven nuestros menores y también nuestros jóvenes", ha destacado.
La referencia es potente. Pero la pregunta es: ¿quién decide qué contenido es "odio" y merece ser señalado públicamente? ¿Una comisión técnica? ¿Un algoritmo? ¿Un político?
Preguntas que vale la pena hacerse
¿Puede una herramienta estatal medir el "odio" sin caer en la subjetividad? ¿Quién define los criterios académicos que usarán para clasificar lo que es odio y lo que no? ¿Qué pasa con la ironía, la sátira, la crítica política ácida?
También cabe preguntarse: si los resultados se hacen públicos "para que todo el mundo sepa quién frena el odio", ¿se publicarán también los nombres de usuarios, cuentas o medios señalados? ¿O solo estadísticas agregadas?
Y sobre todo: ¿es legítimo que el Estado mida lo que la gente dice en redes sociales, incluso si lo hace con buenas intenciones? ¿Dónde está el límite entre proteger y controlar?
Contexto para entender el momento
Vivimos un tiempo donde la frontera entre discurso legítimo y discurso de odio se ha difuminado. Donde los algoritmos premian la confrontación. Donde la polarización se monetiza en clicks.
En este escenario, cualquier herramienta que prometa "sacar el odio de la sombra" suena bien. Pero cuando esa herramienta la maneja el Estado, la pregunta no es si el odio existe. La pregunta es quién tiene el poder de definirlo.
Reflexión final
El odio existe. Duele. Daña. Y debe ser combatido. Pero cuando el combate lo libra el Estado con herramientas de medición, clasificación y exposición pública, la pregunta no es si el objetivo es noble. La pregunta es si los medios son proporcionados.
No se trata de elegir entre libertad o seguridad. Se trata de reconocer que, cuando el poder define qué se puede decir y qué no, siempre hay alguien que pierde.
Sánchez ha anunciado 'Hodio' con buenas intenciones. Pero las buenas intenciones no bastan. Se necesitan garantías. Se necesitan límites. Se necesita transparencia real, no solo de palabra.
Porque al final, no se trata de medir el odio. Se trata de no convertirse en lo que se dice combatir.
Datos clave
- Herramienta anunciada: 'Hodio' (Huella de Odio y Polarización), para medir presencia, evolución y alcance de discursos de odio en plataformas digitales.
- Anuncio: Pedro Sánchez en la Cumbre contra el Odio, Galería de Colecciones Reales, Madrid, 11/03/2026.
- Metodología: Combina análisis cuantitativo y revisión experta; basada en "criterios académicos reconocidos".
- Transparencia: Resultados se expondrán públicamente "para que todo el mundo sepa quién frena el odio, quién mira hacia otro lado y quién hace negocio con el odio".
- Objetivo declarado: "Sacar el odio de la sombra, hacerlo visible, exigir responsabilidades a quienes no actúan".
- Paquete regulatorio asociado: Prohibición de acceso a redes a menores de 16 años con verificación de edad; tipificación como delito de manipulación de algoritmos y amplificación de contenido ilegal.
- Declaraciones sobre X: Sánchez afirma que el discurso de odio en la plataforma aumentó un 50% tras la compra por Elon Musk.
- Caso Torre Pacheco (Murcia, julio 2025): Agresión a vecino de 68 años derivó en "llamada a la cacería" contra personas de origen magrebí en redes; Sánchez: "se intentó transformar un delito individual en una excusa para el odio racial".
- Referencia simbólica: Gisèle Pelicot; "que la vergüenza cambie de bando".
- Mensaje final: "Hablar más de amor y menos de odio"; recuerdo a víctimas en Gaza, Sudán, Beirut, Teherán.
Fuentes: Europa Press, Presidencia del Gobierno, Cumbre contra el Odio, declaraciones de Pedro Sánchez
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