La Generalitat prohíbe decir "padres" y "niños" en las guías para monitores: cuando el lenguaje inclusivo se convierte en censura ideológica


 

Una guía elaborada por la Generalitat de Cataluña y dirigida a los monitores de ocio educativo y deportivo insta a usar un vocabulario «inclusivo y respetuoso con la diversidad actual, sobre todo en lo referente a la diversidad LGBTI+». El documento, titulado Guía para introducir la perspectiva LGBTI+ en el ámbito del ocio educativo y deportivo, señala que «la mayoría de veces hablamos y escribimos teniendo en cuenta un masculino genérico que no da respuesta a todas las realidades actuales».
Hasta aquí, todo parece razonable. El respeto es fundamental. La diversidad merece protección. Pero cuando la guía pasa de recomendar a prohibir, de sugerir a corregir, la cosa cambia.

Las palabras prohibidas

La guía propone medidas concretas: que los monitores digan qué pronombre quieren usar, referirse a las personas con el género con el cual se sienten identificadas y corregir a otras personas «si se equivocan con el nombre y/o los pronombres» de una persona. Además, exhorta a usar un «tono neutro» y evitar las palabras «con marcas de género o masculinizadas».
Los ejemplos son reveladores. Expresiones «a evitar»: «niños» o «los niños y las niñas» —que proponen sustituir por «los infantes»—, o también «padres» o «los padres y las madres». En lugar de estos términos, piden usar «las familias», «las personas responsables legales» o «las personas progenitoras». Tampoco se puede decir «amigos» ni «amigos y amigas», sino «amistades» o «grupo de iguales».
Uno lee esto y se pregunta: ¿desde cuándo "padres" es una palabra ofensiva? ¿Cuándo "niños" dejó de ser un término inocente? ¿Qué realidad se protege borrando palabras que han formado parte del lenguaje durante siglos?

El tono que no admite dudas

La guía también pide ser conscientes de las expresiones que tienen una «connotación negativa hacia las personas del colectivo». Frases como «los niños no lloran», «¿eres un niño o una niña?» o «¿tienes novio/a?» deben evitarse. En su lugar, recomiendan: «si necesitas llorar, hazlo», «te trataré como te sientas mejor» y «¿tienes pareja?».
Nuevamente, la intención parece noble. Nadie debería ser juzgado por su identidad. Pero cuando una institución pública dicta qué se puede decir y qué no, cuando establece un lenguaje obligatorio bajo amenaza de corrección, se cruza una línea.
La educación en valores es necesaria. La imposición lingüística, no.

Más allá de las palabras: imágenes y espacios

El documento elaborado a instancias del gobierno catalán también pide trasladar esta diversidad a los carteles y demás material gráfico de los clubs y esplais; por ejemplo, mostrando «una familia de dos madres» en lugar de una familia «heteronormativa». También señalan que en caso de que algunas actividades impliquen ver películas o leer cuentos, estos deberían mostrar a personajes LGBTI+ «de forma abierta y positiva».
La guía incluye un apartado dedicado al «acompañamiento» de personas trans: «Nuestro deber es acompañar a esta persona, respetar sus decisiones y dar credibilidad a lo que nos explica, sin cuestionarlo». También recomiendan no hacer distinciones por sexo en los lavabos o que las habitaciones —en el caso de unos campamentos— sean mixtas, «sin distinciones».


El coste que no aparece

Según explica la consejera de Derechos Sociales e Inclusión de la Generalitat, Mónica Martínez Bravo, en respuesta a una pregunta del grupo parlamentario de Vox, la guía «tiene como objetivo dar herramientas a los diferentes agentes de este ámbito para que puedan incorporar la perspectiva LGTBI+ a las actividades de ocio educativo y deportivo».
Martínez Bravo informa de que la guía se realizó en 2025 —durante el mandato de Salvador Illa— y que «no tuvo ningún coste», porque se elaboró con recursos propios del departamento. Ese mismo año, la Generalitat sí gastó 1.100 euros en la elaboración de un Plan LGTBI+ destinado a los 270 trabajadores de la Agencia Catalana de la Juventud.
"Sin coste" no significa sin recursos. Significa que el tiempo de los funcionarios que la redactaron, diseñaron y aprobaron se pagó con dinero público. Y ese tiempo podría haberse dedicado a otras prioridades.

La libertad que se pierde en los detalles

Al final, cuando una guía oficial prohíbe palabras como "padres" o "niños", algo te está avisando: la confianza entre instituciones y ciudadanos, y la idea de que el lenguaje es patrimonio de todos, no propiedad de una ideología. Los monitores de ocio no son agentes de ingeniería social, sino educadores que acompañan a niños y jóvenes en su tiempo libre, cuya labor es fomentar el juego, la convivencia y el respeto, no vigilar que nadie use el masculino genérico. La diversidad se enseña con ejemplo, no con prohibiciones; se promueve con diálogo, no con correcciones; se integra con paciencia, no con imposiciones. 
Queda por ver si esta guía se aplicará de forma generalizada o si quedará en un documento de consulta, y también está por saberse cómo reaccionarán las familias y los propios monitores ante estas directrices, pero lo que está claro es que el lenguaje es importante y cuando se convierte en campo de batalla ideológico, cuando se usa para dividir en lugar de unir y cuando se impone en lugar de compartir, pierde su esencia que es comunicar, acercar y entender, que al final es lo que debería importar, no las palabras prohibidas sino las personas incluidas.

Fuentes: El Debate, Generalitat de Cataluña, BOPC, declaraciones de Mónica Martínez Bravo
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