20 años después. Cuando la CIA llama a la puerta: el contrato de Zapatero y Bono con Chávez


 
La CIA ha abierto un expediente administrativo para revisar la venta de ocho buques militares de España al régimen de Hugo Chávez. Firmado en 2005. Con Zapatero en La Moncloa. Con José Bono en Defensa. 1.200 millones de euros. Una comisión de intermediarios de 42 millones. Washington se opuso desde el primer momento. Ahora, dos décadas después, la agencia de inteligencia estadounidense revisa los archivos. La pregunta es inevitable: ¿qué hay en esos documentos que todavía incomoda?
Hay contratos que no envejecen bien. Con el tiempo, lo que pareció una operación industrial legítima adquiere otras lecturas. Y cuando una agencia de inteligencia como la CIA decide revisar expedientes de hace veinte años, no es por curiosidad histórica. Es porque algo, en algún lugar, sigue generando preguntas.

Los hechos: qué se investiga, por qué ahora

La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos ha abierto un procedimiento interno para revisar la documentación relacionada con la venta de ocho buques militares de España al régimen de Hugo Chávez. La revisión se produce tras una solicitud de acceso a documentos presentada bajo la ley de transparencia estadounidense (FOIA - Freedom of Information Act).
En la solicitud figuran los nombres de dos empresarios venezolanos: Pedro Enrique Malavé Benavides y Juan Rafael Carvallo López, ambos relacionados con la compañía Rebazve Holding, que intervino como intermediaria en el contrato naval.
La CIA ha tenido que asignar un número de caso, revisar sus archivos y determinar si existen documentos vinculados a esas personas o al acuerdo firmado entre España y Venezuela. El proceso incluye evaluar si alguno de esos documentos puede ser desclasificado y difundido, siempre que no comprometa fuentes, métodos de inteligencia o información sensible para la seguridad nacional estadounidense.
Hasta aquí, lo oficial. A partir de aquí, las preguntas.

El contrato: 1.200 millones que generaron incomodidad desde el primer día

El acuerdo se firmó en 2005 y contemplaba la construcción de ocho buques por parte de Navantia para la Armada venezolana: cuatro buques de vigilancia oceánica y cuatro patrulleras de vigilancia litoral. Superó los 1.200 millones de euros, lo que lo convirtió en uno de los mayores contratos internacionales de la industria naval española durante la primera década del siglo XXI.
El Ejecutivo de Rodríguez Zapatero defendió entonces la operación como un acuerdo industrial destinado a garantizar carga de trabajo en los astilleros públicos y reforzar la presencia internacional de Navantia. Según sostuvo el Gobierno en aquel momento, el contrato permitiría asegurar varios años de actividad en los centros de producción naval españoles, que atravesaban una etapa de incertidumbre tras la reestructuración del antiguo grupo público Izar.
Pero desde el primer momento, la venta generó incomodidad en Washington. En 2005, las relaciones entre Estados Unidos y el Gobierno de Hugo Chávez atravesaban una etapa de creciente tensión política. Las autoridades estadounidenses siguieron con atención cualquier acuerdo militar que pudiera reforzar las capacidades de las Fuerzas Armadas venezolanas.
Documentos diplomáticos publicados posteriormente revelaron que la Embajada de Estados Unidos en Madrid trasladó al Gobierno español su preocupación por la operación. Según esas comunicaciones, responsables del Ministerio de Defensa aseguraron a los diplomáticos estadounidenses que los buques vendidos a Venezuela eran patrulleros sin capacidad ofensiva y que no estarían equipados con misiles.

Los intermediarios: 42 millones que no cuadran

La operación incluyó la intervención de intermediarios. Antes de formalizar el acuerdo definitivo, Navantia firmó un contrato de mediación con Rebazve Holding que contemplaba el pago de una comisión cercana al 3,5% del valor total del contrato. En una operación que superaba los 1.200 millones de euros, esa comisión se situaba en torno a los 42 millones.
Los empresarios mencionados en la solicitud registrada ante la CIA estaban vinculados precisamente a esa compañía.
Con el paso del tiempo, esas comisiones dieron lugar a investigaciones judiciales en España sobre el papel de los mediadores y sobre la estructura societaria utilizada para canalizar los pagos.
Pero hay un detalle que no pasa desapercibido: años después trascendió que Caracas habría pagado en realidad 1.249 millones, una diferencia cercana a los 42 millones que coincidía exactamente con la comisión pactada con la empresa intermediaria.
¿Coincidencia? ¿O hay algo más que investigar?

El veto estadounidense: cuando Washington dijo "no"

El contrato naval formaba parte inicialmente de un paquete militar más amplio que incluía también la venta de doce aviones de transporte militar y vigilancia marítima. El proyecto inicial contemplaba un importe cercano a los 1.700 millones de euros.
Sin embargo, esa parte del acuerdo quedó bloqueada cuando Washington se negó a autorizar la exportación de tecnología estadounidense incorporada en las aeronaves. Sin esa licencia, España tuvo que retirar los aviones del acuerdo final y limitar la operación a la construcción de los ocho buques.
La presión estadounidense obligó finalmente a modificar el acuerdo. Los aviones quedaron fuera. En el caso de los buques, se sustituyeron algunos componentes para evitar la transferencia de tecnología norteamericana. El contrato definitivo quedó fijado en 1.207 millones de euros.
Este detalle es crucial: España no pudo vender tecnología con componentes estadounidenses a Venezuela sin autorización de Washington. Lo que plantea una pregunta incómoda: ¿qué sabía Estados Unidos sobre esta operación que España no quiso reconocer en su momento?

El origen: Chávez, Bono y un viaje que lo cambió todo

El origen de la operación se remonta a la visita de Hugo Chávez a España en 2004, cuando el líder venezolano estrechó sus contactos con el entonces ministro de Defensa, José Bono.
Aquella visita no fue protocolaria. Fue el inicio de una relación comercial que terminaría con buques españoles navegando bajo bandera venezolana, en un momento en que Chávez consolidaba su alianza con Cuba, Rusia e Irán.
Dos décadas después, con Chávez muerto, su régimen transformado y Venezuela sumida en una crisis humanitaria sin precedentes, aquel contrato sigue generando preguntas. Y ahora, la CIA quiere respuestas.

Preguntas que vale la pena hacerse

¿Por qué la CIA decide revisar este expediente ahora, veinte años después? ¿Hay documentos que siguen clasificados que podrían revelar algo relevante? ¿Qué papel jugaron los intermediarios en una operación que Washington veía con recelo desde el principio?
También cabe preguntarse por la transparencia: si el contrato era legítimo, ¿por qué hay documentos que aún no pueden hacerse públicos? ¿Qué información sensible para la seguridad nacional estadounidense podría contener una venta de buques entre España y Venezuela?
Y sobre todo: ¿quién se beneficia de que esta operación vuelva a la luz ahora, en un momento de máxima tensión entre España y Estados Unidos por la guerra en Oriente Medio?

Contexto para entender el momento

La revisión de la CIA no ocurre en el vacío. Se produce semanas después de que España negara a Trump el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones ofensivas contra Irán. En un momento en que el petróleo supera los 100 dólares por barril y las relaciones entre Sánchez y Trump son tensas.
Además, Venezuela sigue siendo un punto crítico en la geopolítica regional. El chavismo, aunque transformado, mantiene alianzas con actores hostiles a Estados Unidos. Cualquier documento que revele conexiones pasadas entre gobiernos europeos y el régimen de Chávez tiene valor estratégico.

Reflexión final

Los contratos no mueren. Envejecen. Y a veces, cuando menos lo esperas, vuelven a llamar a tu puerta. Con preguntas que ya no tienen respuesta. Con documentos que nadie quiere desclasificar. Con comisiones que no cuadran.
No se trata de condenar sin pruebas. Se trata de exigir transparencia. Porque si hay algo que la democracia necesita, no es silencio. Es luz.

Datos clave

  • Contrato: Venta de 8 buques militares de España a Venezuela (4 buques de vigilancia oceánica + 4 patrulleras litorales).
  • Fecha: Firmado en 2005, durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, con José Bono como ministro de Defensa.
  • Valor: 1.207 millones de euros oficiales; Caracas habría pagado 1.249 millones (diferencia de ~42 millones).
  • Intermediarios: Rebazve Holding, con comisión del 3,5% (~42 millones); empresarios Pedro Enrique Malavé Benavides y Juan Rafael Carvallo López mencionados en solicitud FOIA ante la CIA.
  • Fabricante: Navantia (astilleros públicos españoles).
  • Oposición estadounidense: Embajada de EE.UU. en Madrid expresó preocupación; Washington bloqueó venta de 12 aviones militares al negar licencia de tecnología estadounidense.
  • Revisión actual: CIA abrió expediente administrativo tras solicitud FOIA; evalúa si existen documentos desclasificables sobre intermediarios y operación.
  • Investigaciones judiciales: En España se abrieron pesquisas sobre el papel de mediadores y estructura societaria para canalizar pagos.
  • Contexto geopolítico: 2005: tensión creciente EE.UU.-Chávez; 2026: revisión ocurre en momento de tensión España-EE.UU. por guerra en Oriente Medio.

Fuentes: La Gaceta, The Objective, registros FOIA de la CIA, documentos diplomáticos estadounidenses desclasificados, Ministerio de Defensa de España
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