EEUU humillado: la tecnología que salva al Pentágono viene de Ucrania


 

Ucrania comenzó a construir una industria armamentística completamente nueva cuando Putin cruzó la frontera hace cuatro años. Al principio usaron armamento tradicional estadounidense como misiles Javelin y baterías Himars. Pero Kiev se vio obligada a buscar nuevas formas de combatir a un enemigo más numeroso y con mejor financiación. Tuvieron que idear una nueva forma de luchar desde cero. Diseñar y fabricar una categoría de armamento totalmente nueva que ha redefinido los conflictos militares: los drones baratos. Ahora EEUU, Emiratos Árabes, Arabia Saudí y otros países del Golfo ruegan a Ucrania que los ayude. Quieren utilizar los interceptores de drones ucranianos contra los drones iraníes. La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que una guerra de cuatro años haya enseñado más a Ucrania que décadas de investigación del Pentágono?
Hay guerras que se ganan con dinero. Y hay guerras que se ganan con ingenio. Cuando el Pentágono pide ayuda a un país que lucha por su supervivencia, no es solo tecnología. Es un mensaje. Y los mensajes, cuando hay supremacía militar de por medio, siempre tienen destinatario.

Qué ocurrió, cuándo y por qué

Irán es la primera guerra del futuro para EEUU.
Una que exige nuevas estrategias y tecnología, y para la que Washington no estaba preparado.
El armamento tradicional del Pentágono no está preparado para librar la guerra del futuro.
En lugar de los sistemas pesados utilizados por el ejército estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, esta guerra está impulsada por enjambres de drones producidos en masa y a menudo autónomos.
Que pueden hacer el trabajo de forma más barata y rápida que cualquier arma tradicional.
Kiev comenzó a escribir ese manual y construir una industria armamentística completamente nueva en el mismo momento en que Putin cruzó la frontera en su fallido intento de invasión total, hace cuatro años.
Al principio, la ofensiva rusa fue repelida por las valerosas tropas ucranianas que utilizaban armamento tradicional estadounidense.
Como misiles antitanque Javelin y baterías de misiles Himars de artillería para tontos.
Sin embargo, Kiev se vio obligada a buscar nuevas formas de combatir a un enemigo más numeroso y con mejor financiación.

Drones de 20.000 dólares vs misiles de 4 millones

Ahora esto está ocurriendo a la inversa en Oriente Medio.
El enfoque de fuerza bruta del Pentágono ha sido contrarrestado por drones iraníes baratos y rudimentarios.
EEUU y sus aliados regionales se defienden de drones de 20.000 dólares con misiles Patriot que cuestan 4 millones de dólares por disparo.
Y eso sin contar el coste de una batería Patriot completa, que es de 1.000 millones de dólares e incluye el lanzador, el radar y las estaciones de control.
Mientras tanto, Irán puede lanzar sus drones desde un camión.
Esta ecuación económica es ridícula.
Pero el mayor problema es que no hay suficientes misiles caros para derribar estos drones baratos.
Por eso EEUU, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y otros países del Golfo ruegan a Ucrania que los ayude.
Quieren utilizar los interceptores de drones ucranianos y aprender a luchar contra los drones baratos iraníes.

El problema de los drones de EEUU: complejo industrial vs electrónica comercial

Estados Unidos ha utilizado drones durante décadas.
El problema es que esos drones fueron desarrollados por el complejo industrial militar tradicional.
Mientras que Ucrania ha cambiado la guerra con electrónica comercial e impresoras 3D.
Aunque desde principios de la década de 2000 existían grandes drones como los estadounidenses Predator y Reaper, la invasión rusa obligó a Ucrania a construir y desplegar un tipo de dron muy diferente.
Necesitaban una forma de crear muchas armas que pudieran volar y buscar objetivos más allá de las líneas enemigas.
Tenían que ser muy baratos.
Tenían que ser modulares para poder realizar misiones diferentes, desde el ataque hasta el reconocimiento.
En lugar de enormes bombarderos y misiles, ahora todo depende del genio de la ingeniería, la modularidad y la IA.

Las raíces agrícolas: de los campos ucranianos al campo de batalla

Kateryna Bondar, investigadora del Centro de IA Wadhwani en el CSIS y experta en defensa, tecnología y guerra de drones ucraniana, explica que las raíces de esta revolución se encuentran en la tierra.
Ucrania siempre ha sido un país agrícola y usamos drones enormemente en la agricultura.
Cuando Rusia invadió por primera vez la región del Donbás en 2014, los agricultores ucranianos se unieron a un ejército mal equipado.
Llevando consigo sus drones comerciales de monitorización de cultivos.
Pronto se dieron cuenta de que en lugar de arriesgar vidas humanas para mirar al otro lado de una colina, simplemente podían enviar una cámara voladora.
Salvar vidas es clave en cualquier guerra, pero Ucrania estaba en gran inferioridad numérica.
Ucrania tiene aproximadamente 30 millones de habitantes; Rusia tiene 140 millones.
El objetivo del ejército ucraniano es retirar al humano del campo de batalla simplemente para reducir y minimizar la pérdida de vidas humanas.
La otra motivación fue desarrollar una estrategia que pudiera contrarrestar la desventaja económica de Ucrania frente a Rusia.
Disparar un proyectil de artillería tradicional de 155 milímetros cuesta entre 5.000 y 6.000 dólares.
Usando sistemas no tripulados, básicamente para matar a un soldado ruso, el coste es de unos seiscientos dólares.
Ese coste hace referencia al precio de un dron de vigilancia, el tiempo del operador humano y un dron kamikaze.
Una pequeña aeronave sin piloto cargada de explosivos y diseñada para estrellarse deliberadamente contra su objetivo.
Hoy en día, el ejército ucraniano lleva a cabo el 80% de todos sus ataques de primera línea con drones.

Una máquina modular y descentralizada: fábricas que no se pueden destruir

Los drones ucranianos comenzaron como drones con cámara DJI Mavic comerciales que lanzaban granadas improvisadas.
Aero Center, un fabricante ucraniano, empezó con una munición llamada Malyuk que pesaba apenas unos 450 gramos.
La explosión de modelos ha sido sencillamente fenomenal, pasando de 70 en 2023 a más de 500 disponibles en la actualidad.
Desde pequeños cuadricópteros con visión en primera persona hasta grandes unidades a reacción similares a misiles de crucero.
Aero Center fabrica ahora drones de clase media que transportan hasta 10 kilogramos de explosivos a lo largo de unos 24 kilómetros.
Lo mismo ocurrió en el mar, donde los aguerridos ingenieros ucranianos llenaron motos de agua civiles con explosivos y sistemas de navegación a distancia para cazar barcos rusos.
Con tanto éxito que obligaron a toda la flota del mar Negro a retirarse al puerto de Sebastopol en Crimea.
La clave de su éxito es que la mayoría de estos drones son modulares y de hecho se construyen bajo pedido en el campo de batalla.
Ucrania no podía limitarse a construir enormes fábricas de defensa para producir sus drones en masa, porque los misiles rusos las vaporizarían al instante.
En su lugar, dividieron el proceso de fabricación en etapas.
Distribuyeron instalaciones pequeñas y separadas por todo el país de modo que si un lugar sufre un ataque de Rusia y queda destruido, no se destruye toda la fábrica.
Son instalaciones pequeñas muy eficaces.
En lugar de comprar una máquina voladora cerrada de 100.000 dólares a un contratista occidental, las unidades ucranianas adquieren fuselajes básicos y les acoplan cargas especializadas dependiendo de la misión específica.
Chips para procesamiento de IA, GPS, bobinas de cable de fibra óptica para evitar la interferencia de señales, cámaras, cargas de termita y cabezas explosivas.
Todo depende de lo que quieran que haga el dron en cada momento.

Los interceptores estrella: Merops, Sting y Octopus

Durante el primer año de la guerra, los drones de Ucrania diezmaron a las fuerzas rusas.
Pero Rusia se adaptó con la ayuda de sus aliados para desarrollar su propia flota de drones para contraatacar.
China proporcionó componentes.
Irán envió Shaheds, los drones baratos que ahora están destruyendo los objetivos de EEUU y sus aliados en Oriente Medio, y a ingenieros para enseñar a los rusos a construirlos y manejarlos.
Eso provocó una carrera armamentística que ha empujado a la tecnología a evolucionar a un ritmo vertiginoso.
Y Ucrania ha desarrollado interceptores más baratos y eficaces para destruir los drones de diseño iraní.
Las joyas de la corona de los interceptores ucranianos son los sistemas Merops y Sting.
Pequeños robots voladores semiautónomos diseñados para embestir contra los drones enemigos o explotar justo a su lado en el aire.
Cuestan entre 1.000 y 2.500 dólares y son lo bastante compactos como para caber dentro de una bolsa de equipaje estándar.
El dron Sting de Wild Hornets cuesta 2.500 dólares, vuela a 314 kilómetros por hora y ha derribado 3.900 drones enemigos desde mayo de 2025.
Otro modelo, el P1-SUN de SkyFall, cuenta con un cuerpo modular impreso en 3D, cuesta solo 1.000 dólares y alcanza velocidades de 451 kilómetros por hora.
Utiliza visión artificial e imágenes térmicas para cazar a sus presas en la oscuridad.
Solo el mes pasado, los interceptores ucranianos destruyeron más del 70% de los Shaheds entrantes sobre Kiev.
En el extremo superior de la flota de drones de Ucrania está el Octopus, construido por Ukrspecsystems.
Vuela de noche, atraviesa las interferencias electrónicas a altitudes de hasta casi 4.500 metros y se fija en los objetivos de forma autónoma.
Embistiéndolos y explotando.
Es tan eficaz que ahora lo construyen bajo licencia más de 15 fabricantes ucranianos.
Y desde noviembre, se produce fuera de Ucrania en una nueva fábrica en el Reino Unido.
Este acuerdo supuso la primera vez que un gobierno occidental obtuvo la licencia de un interceptor de diseño ucraniano para su producción nacional.
Desde entonces, cinco países de la OTAN, Alemania, Francia, Italia, Polonia y el Reino Unido, han acordado basarse en este precedente desarrollando conjuntamente sus propios drones interceptores asequibles.

La llamada de auxilio desesperada: EEUU pide ayuda a Ucrania

Para defenderse de este enjambre abrumador, el ejército estadounidense tuvo que tragarse su orgullo y pedir ayuda a Ucrania.
Incluso después de que Trump detuviera la ayuda militar y de inteligencia estadounidense en múltiples ocasiones y denigrara personalmente al presidente Zelenski.
La Fuerza de Tarea Interagencias Conjunta 401, la principal unidad contra drones del Pentágono, se apresura actualmente a reunir y entregar destructores de drones a las tropas estadounidenses que participan en la Operación Furia Épica.
Un funcionario estadounidense declaró a Forbes que la JIATF 401 está ayudando a organizar un aumento rápido de drones interceptores Merops en Oriente Medio.
La JIATF 401 encabeza los esfuerzos del Departamento de Guerra para transferir con rapidez tecnologías críticas contra drones, incluidos interceptores de bajo coste, desde Ucrania al área de operaciones del Mando Central de EEUU.
Merops es un interceptor cinético de drones: una bala voladora robótica que utiliza la fuerza bruta para estrellarse contra su objetivo.
Son ágiles de desplegar: un equipo de solo cuatro personas puede montarlos y lanzarlos directamente desde la parte trasera de una furgoneta estándar o un vehículo táctico ligero.
Una vez en el aire, los drones dependen de la inteligencia artificial para rastrear y golpear de forma autónoma a los drones adversarios entrantes como los Shaheds.
Derribándolos o aniquilándolos en pleno vuelo.
Un solo sistema Merops cuesta unos 14.500 dólares, varias veces el coste de algunos sistemas de drones más baratos, pero las matemáticas cuadran.
El dron Shahed que está diseñado para frustrar oscila entre 15.000 y 30.000 dólares dependiendo de su carga útil.
El Merops ya ha demostrado ser muy eficaz contra las versiones rusas del Shahed.
Lo que llevó a naciones de la OTAN como Polonia, Rumanía y Dinamarca a adoptar el sistema el año pasado para proteger su propio espacio aéreo.

El gasto del Pentágono: 4.000 millones en una semana

Durante solo tres días en Irán, EEUU e Israel agotaron más de 800 misiles interceptores Patriot.
Más de los que recibió Ucrania de todos sus aliados juntos durante cuatro años.
Solo en la primera semana de la guerra de Irán, Washington gastó aproximadamente 4.000 millones de dólares en interceptores de defensa antimisiles.
Incluso los sistemas de reserva como el Phalanx de la Marina, una ametralladora automática que escupe 4.500 proyectiles por minuto, tienen defectos.
A 30 dólares el disparo, la defensa suena barata, pero puede vaciar todo su cargador en apenas 20 o 30 segundos.
La defensa antiaérea necesita seguir el ritmo de las amenazas de los drones.
EEUU está experimentando con armas de energía dirigida, como el láser HELIOS de 60 kilovatios de la Marina o microondas de alta potencia.
Que disparan ondas invisibles de energía para causar cortocircuitos en el cableado electrónico de los misiles entrantes.
Estas tecnologías tienen un cargador infinito, lo que significa que pueden disparar sin cesar siempre y cuando estén conectadas a una fuente de energía eléctrica.
Pero no están del todo preparadas para un despliegue masivo.

Preguntas que vale la pena hacerse

¿Cómo es posible que un país con el presupuesto militar más grande del mundo tenga que pedir ayuda a un país que lucha por su supervivencia? ¿Dónde fueron a parar los billones de dólares en investigación y desarrollo?
También cabe preguntarse: ¿qué otros secretos militares ha desarrollado Ucrania en cuatro años de guerra que el Occidente oficial ignora? ¿Cuántos más avances están ocultos tras la clasificación militar?
Y sobre todo: ¿cuánto tiempo tardará el complejo industrial militar estadounidense en adaptar su modelo de negocio a esta nueva realidad? ¿O preferirán seguir vendiendo misiles de millones de dólares aunque no funcionen?


Datos clave

  • Conflicto: Guerra EEUU-Irán comenzó 28 de febrero de 2026.
  • Drones iraníes: 20.000 dólares por unidad; lanzados desde camiones.
  • Misiles Patriot: 4 millones de dólares por disparo; 1.000 millones batería completa.
  • Gasto EEUU primera semana: 4.000 millones de dólares en interceptores.
  • Misiles agotados: 800 Patriot en tres días (más que Ucrania en 4 años).
  • Población Ucrania: 30 millones de habitantes vs 140 millones Rusia.
  • Coste artillería tradicional: 5.000-6.000 dólares por proyectil de 155mm.
  • Coste dron kamikaze: Unos 600 dólares para matar un soldado.
  • Ataques con drones: 80% de ataques de primera línea del ejército ucraniano.
  • Evolución modelos: De 70 drones en 2023 a más de 500 en 2026.
  • Sting (Wild Hornets): 2.500 dólares; 314 km/h; 3.900 drones derribados desde mayo 2025.
  • P1-SUN (SkyFall): 1.000 dólares; 451 km/h; cuerpo impreso en 3D.
  • Merops: 14.500 dólares; interceptor cinético; equipo de 4 personas.
  • Eficacia Kiev: Más del 70% de Shaheds destruidos el mes pasado.
  • Octopus (Ukrspecsystems): Vuela de noche; hasta 4.500 metros; autónomo.
  • Producción Octopus: 15 fabricantes ucranianos + fábrica en Reino Unido desde noviembre.
  • Países OTAN: Alemania, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido desarrollan interceptores conjuntos.
  • JIATF 401: Unidad contra drones del Pentágono; transfiere tecnología desde Ucrania.
  • Operación: Furia Épica, tropas estadounidenses en Oriente Medio.
  • Obsolescencia: Tecnología militar en Ucrania se queda obsoleta cada 6 semanas.
  • Dron ruso Geran-5: 595 km/h; más rápido que interceptores ucranianos actuales.

Fuentes: El Confidencial, CSIS, Forbes, Military Times, Sky News, Reuters, datos del conflicto Irán-EEUU 2026
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