Doce días antes de que España se quedara a oscuras, alguien ya lo sabía.
En las grabaciones que ahora forman parte de la comisión de investigación del Senado, las voces son claras. Técnicos de empresas eléctricas llaman a Red Eléctrica. Reportan oscilaciones. Mencionan anomalías. Expresan preocupación. Y en el centro de control, las respuestas varían entre la tranquilidad burocrática y el reconocimiento implícito de que algo no funciona.
"Un montón de oscilaciones", dice un técnico apenas 48 horas antes del colapso. La respuesta desde el centro de control es contundente: el problema está relacionado con la generación fotovoltaica.
Nadie apagó las alarmas. Pero nadie actuó como si fueran reales.
LA CRONOLOGÍA DEL AVISO
Los audios difundidos el lunes por los medios nacionales dibujan un patrón inquietante. No fue una llamada. Fueron varias. No fue un día. Fueron varios días.
Día -12: Primera alerta registrada. Oscilaciones detectadas en la red.
Día -7: Nueva comunicación. Las anomalías persisten.
Día -2: Llamada crítica. "Un montón de oscilaciones".
Día 0: 28 de abril de 2025. Apagón generalizado.
Cada llamada era una oportunidad. Cada respuesta, una decisión. Y cuando se suman todas las decisiones, el resultado fue que casi toda la Península Ibérica permaneció horas sin electricidad.
LO QUE DICEN LAS VOCES
Las conversaciones capturadas no son técnicas en el sentido estricto. Son humanas. Se nota la urgencia en algunos tonos. La resignación en otros. Y en el centro, una estructura que recibe información pero no la procesa como debería.
Las compañías eléctricas detectaron alteraciones relevantes en el funcionamiento del sistema. Trasladaron su preocupación al operador nacional. Red Eléctrica recibió las alertas. Las registró. Pero no las convirtió en acción preventiva.
Esto no es especulación. Está grabado.
LA FOTOVOLTAICA COMO CHIVO EXPIATORIO
En una de las llamadas, la respuesta del centro de control apunta directamente a la generación fotovoltaica como fuente del problema. Esta afirmación merece análisis.
La energía solar es intermitente por naturaleza. Depende del sol. Depende de las nubes. Depende de la hora del día. Cuando la red no está preparada para gestionar esa variabilidad, las oscilaciones son inevitables.
Pero hay una diferencia entre un problema técnico y un problema de gestión. La fotovoltaica no falló. Falló la capacidad de la red para absorber sus fluctuaciones.
Y eso no es un fallo de la tecnología. Es un fallo de la planificación.
EL DEBATE QUE SE REABRE
Estos audios refuerzan una hipótesis que algunos expertos manejaban en privado: el apagón podría haberse evitado.
No con certeza absoluta. Pero con probabilidad suficiente como para justificar medidas preventivas. Reducción de carga. Activación de reservas. Comunicación temprana a las comunidades autónomas. Protocolos de emergencia activados con antelación.
Nada de esto ocurrió con la anticipación que las alertas merecían.
Ahora los senadores tienen en sus manos no solo informes técnicos. Tienen voces. Tienen fechas. Tienen conversaciones que documentan, segundo a segundo, cómo se construyó el camino hacia el colapso.
LAS PREGUNTAS QUE QUEDAN ABIERTAS
¿Quién tomó la decisión de no actuar sobre las alertas?
¿Existe un protocolo que obligue a responder de manera específica ante este tipo de comunicaciones?
¿Cuántas más advertencias se ignoraron antes de que los medios las hicieran públicas?
¿Hay responsables identificados? ¿Los habrá?
Y la más incómoda de todas: si volviera a ocurrir, ¿se actuaría de manera diferente?
EL CONTEXTO INSTITUCIONAL
La comisión de investigación del Senado sobre el apagón del 28-A es uno de los procesos parlamentarios más importantes de la legislatura. No solo por lo que ocurrió ese día. Sino por lo que revela sobre la capacidad del Estado para gestionar crisis de infraestructura crítica.
Red Eléctrica de España es el operador del sistema eléctrico nacional. Tiene la responsabilidad de garantizar la estabilidad de la red. Cuando la red falla, la pregunta no es solo técnica. Es política.
Las empresas eléctricas operan bajo concesión estatal. Sus centros de control están interconectados con el operador nacional. Sus comunicaciones quedan registradas. Y ahora, esas grabaciones son evidencia pública.
LO QUE VIENE
Los audios ya están en la comisión. Los medios ya los han difundido. Los ciudadanos ya saben que hubo advertencias.
Lo que falta es la respuesta institucional.
Los senadores deberán decidir si citan a los responsables de Red Eléctrica. Si requieren más documentación. Si elevan conclusiones al Ministerio para la Transición Ecológica. O si el expediente se archiva sin consecuencias visibles.
Mientras tanto, las grabaciones siguen disponibles. Cualquiera puede escucharlas. Cualquiera puede juzgar.
Y cualquiera puede preguntarse qué habría pasado si alguien hubiera actuado cuando aún había tiempo.
EN PERSPECTIVA
Un apagón no es solo ausencia de luz. Es hospitales que dependen de generadores. Es semáforos que no funcionan. Es neveras que se calientan. Es gente atrapada en ascensores. Es el paro de una economía que necesita electricidad para cada transacción.
Cuando las advertencias existen y no se actúa, el coste no se mide solo en kilovatios. Se mide en confianza.
Y la confianza, una vez que se apaga, es mucho más difícil de restaurar que la electricidad.
Fuentes: Euronews, Comisión de Investigación del Senado, Red Eléctrica de España, medios nacionales
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